Amélie (2000)

Le fabuleux destin d’Amélie Poulain

En primer lugar, reconocimientos y agradecimientos. Yo había olvidado por completo que esta película tuviese que ver con la fotografía. Como explicaré más adelante, fue un filme que me defraudó en cierta medida, y lo dejé a un lado, en un rincón de mi memoria. Sin embargo, recientemente, con un escueto pero clarísimo mensaje, alguien llamado Luis, y desconozco más datos, me sugirió este filme para ser añadido a mi lista de películas de La fotografía en el cine. Lo que pasó también es que inmediatamente recordé que también es apto para ser incluido en mi lista de películas de El ferrocarril en la historia del cine, así que, mato dos pájaros de un tiro. La mar de bien, ¿no?

Amélie (Audrey Tautou) es una chica de 23 años, soñadora, pero algo solitaria, que vive en París, y trabaja de camarera en un bistró de la capital francesa. En cierto modo, sueña con resolver las injusticias del mundo, como nos sugieren sus acciones en relación a las personas que le rodean, o como se ve a sí misma cuando se retrata disfrazada como El Zorro. Y en estas está cuando, mientras se dedica a resolver “las injusticias” cotidianas que sufren su padre, sus vecinos, sus compañeros de trabajo, sus tenderos,… mientras se encuentra en la estación de metro de Abbesses, la que utiliza habitualmente en sus desplazamientos ya que vive en los alrededores de Montamartre, ve a un joven, que claramente encuentra atractivo (Mathieu Kassovitz), arrodillado en el suelo rebuscando entre la basura alrededor de una máquina de Photomaton.  Y no será la única vez, puesto que también se lo encontrará en la Gare de l’Est, donde descubrirá que el joven se dedica a hacer un álbum con las fotografías desechadas de las máquinas de Photomaton. Y el amor surgirá. Y hasta aquí puedo contar, que nunca cuento el argumento completo del filme que comento.

La película fue un exitazo en su momento, y gustó mucho a la gente. Yo fui a verlas con unas expectativas muy altas, ya que el director, Jean-Pierre Jeunet, había sido el director, junto con Marc Caro, de dos películas que me habían gustado mucho: Delicatessen y, en menor medida, La ciudad de los niños perdidos. Sin embargo, la película no consiguió engancharme. Ni en la actualidad lo hace, cuando la he vuelto a revisitar para hacer este modesto comentario. A pesar del indudable encanto físico de la protagonista, el personaje se me hace un poquito cargante, quizá porque la historia se prolonga innecesariamente en las dos horas largas que dura la película. También me cansa la iluminación del filme, con esa paleta de colores vivos propios de los procesos cruzados en fotografía, particularmente de la diapositiva revelada en químicos C-41 para negativo en color. Es un aspecto visual que no me disgusta, pero en pequeñas dosis. Si no, me cansa.

En el aspecto fotográfico, ya ha quedado clara la importancia de los photomatones en la película. Estas máquinas que automáticamente y de forma casi instantánea proporcionan cuatro fotografías tamaño carné, se han convertido en muy populares en todo el mundo. Hay otras variantes que proporcionan imágenes de recuerdo en otros tamaños y aspectos, pero las más habituales son las mencionadas. Hay que destacar que en el pasado han sido utilizadas por diversos artistas como medio creativo. Especialmente, por los surrealistas que las encontraron novedosas y apropiadas a sus fines expresivos. Otros detalles sobre la fotografía en la película es que vemos a la Amélie niña usando una Kodak Instamatic que recibe de regalo para fotografíar animalitos en las nubes. Y que el enano de jardín de casa de sus padres “viaja” por el mundo, enviando polaroids al padre de Amélie de vez en cuando.

En el aspecto ferroviario, la película nos proporciona un recorrido por algunas de las principales estaciones de París. Aparte de las mencionadas, también aparecen Gare du Nord y Gare de Lyon. Así como numerosas imágenes de diversas líneas de metro, especialmente aquellas que discurren en parte de su recorrido en el exterior, sobre el suelo. Para todos los amantes de los ferrocarriles, París es una ciudad interesante, y así se pone de manifiesto en el filme.

Así que ya sabéis. En general, es una película muy apreciada, aunque a mí me dejase frío. Si no la habéis visto, quizá debierais probar. Yo le pongo 3 estrellas: *** (aunque tendiendo a dos).

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

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