Secretos y mentiras (1996)

Secrets & Lies

Hace ya unos meses que os comenté que un visitante del Cuaderno de ruta, Josep Broch de la Agrupació Fotogràfica Sarthou Carreres, me había recomendado algunas películas para incluir en mi colección de filmes sobre la fotografía en el cine. Pues bien, hoy os anuncio la inclusión de la reseña de otras de las películas que recomendó este amigo. Y se trata de una película que no reconocí de inmediato en la lista que me envió, incluso le respondí que no la había visto. Y sí que la había visto. Ya lo creo. Y me gustó mucho en su momento. Pero no recordaba en absoluto la relación que tiene con el mundo de la fotografía. Que es importante. Así que queda subsanado este lamentable olvido, y paso a reseñar la película.

En el Gran Londres de mediados de los 90s, conocemos dos entornos familiares distintos. Por una lado, Hortense (Marianne Jean-Baptiste), una joven profesional de raza negra, que acaba de enterrar a su madre adoptiva y a la que surge la inquietud de conocer a su madre biológica, sin miedo a molestar de su familia de adopción que la ha querido y quienes quiere. Por otro lado, conocemos a Maurice Purley (Timothy Spall), un próspero fotógrafo social (foto 1; retratos de encargo y BBC – bodas, bautizos y comuniones), que vive con su mujer, Monica (Phyllis Logan), sin hijos, en un matrimonio de apariencia ideal pero con su marejadilla de fondo, y que tiene una hermana, Cynthia (Brenda Blethyn), madre soltera (foto 2), que es un desastre, y una sobrina, Roxanne (Claire Rushbrook), a quien quiere como una hija, pero que vive su vida absolutamente desconcertada y sin ilusiones. Todo un retrato de la sociedad británica post-tatcheriana. Tras una breve investigación, Hortense descubre que su madre es la desastrosa Cynthia, y tras un primer encuentro en la que flota en el aire el rechazo por causas raciales, ambas mujeres se darán una oportunidad (foto 3) y comenzará la difícil integración de la joven próspera en el desestructurado e insano entorno familiar de su madre biológica.

Dirigida de forma espléndida por Mike Leigh, este filme es un ejemplo de que no hay que confundir la velocidad con el ritmo. Y que lo que importa en un filme no es que pasen muchas cosas, muy deprisa, sino que es importante que haya un ritmo que haga que el espectador se sienta atrapado por la narración, por mínima que sea la historia. Y en esta película sucede. Claro que hay algo muy importante. Y es la calidad de los personajes y de los actores que los encarnan, que les dan una calidad humana y una autenticidad que nos lleva a sentir empatía con personas que, si las conociésemos en otro entorno, normalmente las ignoraríamos o incluso las rechazaríamos. Están todos muy bien, pero me llama la atención especialmente Timothy Spall, un actor al que habitualmente, por su físico, he visto en papeles cómicos, ridículos o inquietantes, que en este caso nos aparece como el ancla de salvación para toda esa familia, que se extiende incluso a su empleada, y que nos aporta tremendas dosis de humanidad y solidaridad.

Desde el punto de vista del mundo de la fotografía, esta película nos acerca a una vertiente con poco glamour, la del fotógrafo social, que con su cámara de formato medio, pero una de las baratas, una Zenza Bronica, hay un significativo diálogo al respecto en el filme, y a base de currarse las bodas, los bautizos y otros actos sociales, más los retratos de encargo, va sacando adelante su negocio. En este caso con aparente éxito, aunque no siempre es así. En la película, su actividad como fotógrafo (foto 4), que va marcando a modo de interludios los actos en los que se desarrolla el drama familiar, nos da ofrece una metáfora de los propios problemas en los que vive inmerso, y nos hace reflexionar sobre la felicidad aparente de la sociedad. Más aparente que otra cosa.

Desde mi punto de vista, es una película que hay que ver, si te importa un poco la sociedad en la que vives, y no te importa compartir un poco las penas y las alegrías de tus semejantes. Un ejemplo del magnífico cine social inglés, tan comprometido con su sociedad, pero que tan poco éxito consigue dada la deriva que la propia sociedad británica parece llevar. Yo le pongo 4 estrellas: ****.

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

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