We’ll take Manhattan (2012)

We’ll Take Manhattan

Normalmente este largometraje realizado para la BBC y dirigido por John McKay me hubiera pasado desapercibido. Probablemente, nunca lo hubiera visto. Pero me llegó por ahí la noticia de que tenía dos características que me atrajeron hacia él. La primera es que narra los comienzos del famoso fotógrafo británico David Bailey en quien está inspirado el protagonista de otra película de esta colección, y su relación con Jean Shrimpton la que muchos consideran primera top model en el sentido moderno de la palabra. La segunda es que el personaje de Shrimpton estaba protagonizado por la guapa, simpática, y escocesa Karen Gillan, celebrada acompañante del Doctor en los últimos años. Así que a por ella.

Los dos protagonistas de la película más una Rolleiflex de la época, caracterizados en una terraza de Nueva York.

Argumento

A principios de los años 60 seguimos en paralelo la evolución de una joven aspirante a modelo, Shrimpton (Gillan) y un ayudante de fotógrafo con ganas de volar solo, Bailey (Aneurin Barnard), hasta que ambos se encuentran primero por azar en un pequeño estudio fotográfico, y después en la sede de la prestigiosaVogue británica. Se conocen y se lían, lo cual es un pequeño escándalo familiar en los rurales y conservadoresShrimpton, ya que Bailey es un hombre casado. En un momento dado, al fotógrafo se le ofrece la posibilidad de realizar un reportaje de moda para la revista que represente las nuevas tendencias juveniles en Nueva York. Y él pide que la modelo sea Shrimpton a pesar de la oposición de la conservadora Lady Clare (Helen McCrory), editora que les acompañará a la gran manzana. Las cosas no serán fáciles pero supondrá el lanzamiento de la carrera de ambos.

Karen Gillan posa como lo hizo Jean Shrimpton en su época; y no puede faltar el osito de peluche que aparecía en las fotos del reportaje.

Interés fotográfico

Indudablemente todo. Estamos hablando de una parte importante de la historia de la fotografía y especialmente de la fotografía de moda. Al principio del filme, cuando Bailey es ayudante de un fotógrafo, vemos a aristocráticas modelos, maniquíes que les llamaba mi madres, que posaban de forma muy estática, en poses muy elaboradas, como muñecas sin vida, a las órdenes del fotógrafo, que con una pesada cámara de banco tomaba poses con largas exposiciones sobre placas de baja sensibilidad para permitir buenas ampliaciones y gran nitidez de imagen.

Bailey reniega de todo esto. Sus armas son las populares Rolleiflex binoculares, y lo que más llama la atención para la época, una modesta cámara réflex, una Asahi Pentax S3, que por el pequeño tamaño de su fotograma no se consideraba adecuada para un trabajo de alta calidad. Trabajando tanto en blanco y negro o con diapositiva en color, busca un nuevo tipo de modelo, que encuentra en Shrimpton. Dejando de lado los aspectos románticos de la relación, se crea una complicidad entre fotógrafo y modelo, siendo esta un protagonista más activo, más dinámico, más integrado con el entorno. Aunque la modelo es muy bella, con una figura espectacular, adelantándose a su tiempo en lo que es la serie de modelos muy delgadas, también represanta a la chica moderna, que sale de la calle y está en la calle.

El reportaje realizado por Bailey y Shrimpton en las calles de Manhattan ha pasado a la historia de la fotografía de moda. Una modelo vestida de alta costura sobre el fondo de las calles de Nueva York, y no precisamente las más monas. Hoy en día todavía es posible encontrar por ahí con facilidad las imágenes que publico la versión británica de Vogue, y que anticipaban lo que iba a ser la moda durante los años del Swinging London.

Algunas de las imágenes originales del reportaje para Vogue, con la auténtica Jean Shrimpoton y el osito de peluche que aparecía en todas las tomas.

Interés cinematográfico

La verdad es que cinematográficamente la película tiene un interés muy limitado. Se podría ser condescendiente por el hecho de ser una producción para televisión, si no fuera porque la televisión británica nos tiene acostumbrados a producciones de mucha más calidad. Después de unos primeros minutos de presentación de los personajes en los que se levanta cierta expectación sobre lo que nos puedan contar, todo el tiempo que transcurre en Nueva York es una repetición de situaciones similares en las que la editora de la revista representa la parte conservadora e inmovilista, en discusión permanente con el revolucionario fotógrafo. Mientras, nos reproducen como fue la toma de las imágenes que luego conformarían el famoso reportaje. Los intérpretes están para un aprobado, siendo quizá la más floja la guapa de Gillan, que siendo también modelo en la vida real, se limita a hacer de eso, de modelo, con limitadas aptitudes dramáticas. Eso sí, guapa, lo que se dice guapa, está guapísima.

Karen y el osito, en una recreación más de una de las fotografías del reportaje para Vogue.

Sólo recomendable a aficionados a la fotografía, le pongo 2 estrellas: **.

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

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