Amarcord (1973)

Amarcord

Después de un reciente viaje por Italia, en el que visité varias localidades de la Emilia-Romaña, me entraron ganas de volver a ver esta obra maestra de Federico Fellini, probablemente la que es mi película favorita del director romañolo, nacido en Rimini, donde está rodada la película, aunque no es una de las ciudades que visité en el viaje. Lo que no había pensado yo es que después de volver a verla iba a decidir incluirla en mi colección de películas de cine y fotografía. Pero creo que es totalmente adecuado. Ya os lo contaré. Y lo veréis en imágenes extraidas del mismo filme.

El fotógrafo de la ciudad, en los primeros episodios del filme, se dispone a tomar la foto colegial de la clase de Titta, el adolescente que de alguna forma es protagonista.

Argumento

Fellini nos narra un año en la vida de una ficticia ciudad costera italiana, que no es más que una representación de la Rimini de su infancia. Estamos en los años treinta, en la Italia fascista, y comienza el recorrido por la vida de los habitantes de la ciudad cuando la pelusa se desprende de los árboles durante la polinización anunciando el fin del invierno y la llegada de la primavera. Un elenco coral de personajes de lo más diverso, y esperpéntico, nos guiará a través de la vida de esta pequeña sociedad provinciana, desde el punto de vista de los curiosos ojos de un adolescente. Las fiestas de primavera, la vida escolar, las celebraciones fascistas, la iglesia, el despertar de la sexualidad, los problemas familiares, los acontecimientos como las carreras de coches o el paso de los grandes transatlánticos, muertes, bodas, etcétera, contadas con nostalgia, cariño, sentido crítico, y mucho, mucho humor.

Celebraciones del sábado fascista, con la multitud congregada en la plaza de la estación esperando la llegada de las autoridades. Y el fotógrafo dispuesto a tomar las fotos de rigor.

Interés fotográfico

El interés fotográfico estriba, como se puede ver en las imágenes que ilustran esta reseña, en que uno de los personajes secundarios aunque omnipresente a lo largo de todo el filme es el fotógrafo. Un fotógrafo de los de antaño, para documentar los acontecimientos sociales, que se desplaza con su cámara de banco sobre su trípode y está allí para dejar registro gráfico de la vida de la ciudad. Son los otros ojos, además de los del adolescente, que de alguna forma dan fe de que lo que allí está pasando realmente sucedió, y las generaciones futuras tendrán un documento gráfico de los hechos. Está en todo. El colegio, las fiestas, los acontecimientos sociales, el paso del gran transtlántico, las bodas,… Y por ello, está más que justificada la presencia de la película en mi colección sobre cine y fotografía. ¿No es así?

Uno de los sirvientes del sultán que llega al lujoso hotel con sus treinta concubinas se enoja por la presencia del fotógrafo en la pintoresca y surrealista llegada.

Interés cinematográfico

Ya he dicho antes que es mi película favorita de Fellini. Alabada por la crítica, multipremiada, óscar a la mejor película de habla no inglesa incluido, es un verdadero testamento cinematográfico y personal del director. Todas y sus filias y sus fobias están representadas en los personajes que pueblan la ciudad imaginaria, que no son otros que sus conciudadanos elevados a la categoría de esperpento. Pero sin mala intención. Con humor, pero con cariño.

El fotógrafo inmortaliza a los curiosos que esperan el paso del Rex, transatlántico botado en el 1932, orgullo del estado fascista italiano, y que ostentó la Blue Riband entre 1933 y 1935.

Están todos. La familia, las mujeres voluptuosas, la prostituta, curas y monjas, carabineros, el fascismo, los profesores del instituto,… elementos muchos de ellos que son constantes en su filmografía, y que aquí se reunen para mostrarnos una cotidianeidad juvenil que marcó la senda del cineasta. La Gradisca, Volpina la prostituta, il avvocato, la estanquera, la profesora de matemáticas, el zio Teo, perturbado y rescatado del árbol por una monja enana, el cura, más preocupado por la ornamentación de la iglesia que por el despertar sexual de los adolescentes que se le confiesan, el paso del transatlántico, el gramófono en el campanario sonando la internacional, una boda,… Una colección de escenas todas ellas inolvidables. Especiales. Significativas. Todo ello acompañado por la magnífica música de Nino Rota, e iluminado por la excelente fotografía de Giuseppe Rotunno, que nos muestra cómo hay que fotografiar Italia. Una película imprescindible desde mi punto de vista. Una película que había que hacer, y sólo la podía hacer Fellini.

Bajo la mirada divertida, socarrona y dudosamente respetuosa de los adolescentes del lugar, el fotógrafo inmortaliza la boda de la Gradisca, todo un acontecimiento en sí mismo. La boda y la mujer.

A una imprescindible, hay que ponerle 5 estrellas: *****.

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

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