¡Hatari! (1962)

Hatari!

Parece lógico que si una película tiene como personaje principal a una fotógrafa, deba formar parte de esta colección de la fotografía en el cine. Si la película es esta obra ya tardía del genial Howard Hawks por la que siempre he tenido debilidad a pesar de la cantidad de defectos que le encuentro, más. Y si la fotógrafa es tan mona y tan yeyé como era la Elsa Martinelli de la época, lo que no entiendo es cómo no la había reseñado todavía. Pero a continuación solvento la carencia.

Los primeros encuentros de la fotógrafa italiana d’Allessandro, alias “Dallas” ¡!, con los machotes de los cazadores son poco afortunado; aunque salir corriendo sin pantalones para no perderse la expedición hace que algunos se pongan de su parte de inmediato.

Argumento

En algún lugar de Tanganika (actualmente región continental de Tanzania), en las proximidades del crater del Ngorongoro, un grupo de cazadores especializados en obtener especímenes vivos para los zoológicos europeos y americanos, liderados por Sean Mercer (John Wayne), sufren un percance cuando uno de ellos sufre el ataque de un rinoceronte. Esto coincide con la llegada de la fotógrafa Anna Maria d’Allessandro enviada por el zoológico de Basilea para documentar visualmente la caza de los animales. Y de paso para trastocar el mundo de machitos en el que viven, en el que sólo destaca la presencia de Brandy de la Court (Michèle Girardon), propietaria del negocio, pero a la que por su juventud todavía no ven como mujer. Cosa que cambiará durante la película. Durante tres meses, convivirán, tendrán aventuras, se enamorarán, adoptarán elefantitos, hasta que termine la temporada, donde todos tendrán que tomar decisiones. Y retomar la caza del rinoceronte maldito.

Uno de los momentos en los que los cazadores empiezan a admitir la presencia de Dallas es cuando ésta al piano y Pockets (Red Buttons) a la armónica interpretan “Old Folks ant Home”.

Interés fotográfico

Como ya he dicho, el personaje de Elsa Martinelli es una fotógrafa. Bien es cierto que cuando llega, no se muestra muy ducha en manejarse con la cámara en el campo, pero lo cierto es que dado el encanto de la actriz y del personaje,… eso importa poco. Como fotógrafa, se maneja con lo que a mí me parece una Nikon S2. En algún sitio he leído que sería una Nikon SP, más propia de la época en que se rodó la película. Pero comparando las imágenes del filme con las del libro Cómo coleccionar cámaras clásicas de Ivor Matanle, decididamente me decanto por la primera. Nikon, antes de centrarse en la fabricación de cámaras réflex, especialmente con la aparición de la estupenda Nikon F, fabricó cámaras telemétricas. Esto fue normal en los fabricantes japoneses, que tras la Segunda Guerra Mundial, se vieron obligados por los vencedores a dedicar sus esfuerzos a la fabricación de bienes de consumo, alejados de sus producciones bélicas de los años anteriores. Tanto Canon como Nikon fabricaron cámaras telemétricas. Pero como en aquellos momentos no estaban para investigación y desarrollo, se limitaron a copiar los diseños de los ingenieros alemanes. Y así, las primeras Canon telemétricas eran copias de la Leica IIIC mientras que las de Nikon lo eran de las Contax. Tanto en su funcionamiento como en su aspecto externo.

La estilosa “Dallas”, con vestuario menos yeyé y más adecuado, Nikon en mano, documenta la actividad de los cazadores.

Por lo demás, la guapa fotógrafa nos muestra a lo largo del filme que no sólo es capaz de disparar su Nikon, sino que también revela y amplia sus propias fotografías. De lo más completa la chica.

Negativos y copias puestas a secar en el improvisado aunque amplio laboratorio que ponen a disposición de la italiana.

Interés cinematográfico

Sinceramente, analizada fríamente, la película es un cúmulo de despropósitos y azares. Especialmente si la valoramos con la mentalidad actual. Pero es que a principios de los años 60 el mundo estaba empezando a cambiar, y quizás algunas cosillas podrían resultar algo casposillas. El machismo imperante en la película, algo muchas veces inherente a la presencia del Duke, el paternalismo ante los nativos africanos, el tratamiento hoy en día poco presentable de los animales, el improbable romance entre los dos protagonistas, interpretaciones más propias de un western de veinte años antes, un rodaje en el que primero se filmaron las escenas de acción y luego se montaron por arte del guion que elaboró la escritora Leigh Brackett, que años después firmaría póstumamente el de El Imperio contraataca, no por casualidad la mejor película de la serie Star Wars. Como digo, algunos despropósitos y algunos afortunados azares.

La fotógrafa juega durate la película en varias ocasiones con el papel de damisela en apuros, como en la escena de la bañera, en la que se tapa pudibunda del ataque de un “feroz” guepardo doméstico. Que probablemente, estuviera poco interesado en los encantos de la chica. Cosa que no podemos decir de los tres maromos que entran a salvarla. Así que la toalla, cuya protección ante un felino carnívoro es más que dudosa, cumple con su misión ante los tres ejemplares de homo erectus.

Y sin embargo, me lo paso bomba con esta película. Mira que es más bien larga, con dos horas y media de duración. Pero tiene su ritmo, tiene el toque del director, llegas a coger cariño a los personajes… aunque ya habéis comprendido a estas alturas qué personaje es mi favorito. Esta llena de escenas estupendas. El duo musical que he ilustrado previamente, la acogida de la chica en la tribu masai, el paseo al baño con los elefantitos, el improbable enamoramiento de la joven Brandy con el bufonesco Pockets, todo tiene su encanto. A lo que hay que añadir el buen ritmo de las escenas de acción, las imágenes de la sabana, y la excelente música de de Henry Mancini, especialmente con ese Baby Elephant Walk, tan estupendo y tan pegadizo.

Probablemente, la escena más memorable de la película, acompañada por una de las músicas cinematográficas más memorables de la historia del séptimo arte.

Resumiendo, esta es una de esas películas que siendo totalmente imperfectas, me parece que hay que ver, y a pesar de todos us defectos le pongo 4 estrellas: ****.


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