Las flores de Harrison (2000)

Harrison’s Flowers

Esta es una de esas películas que cuando se estrenaron en su momento tenían buena pinta, pero que la promesa de una descripción descarnada de unos hechos que remueven las conciencias de quienes las tengan, hizo que demoráramos la visita al cine hasta que definitivamente desapareció de la cartelera. Después, el filme de Élie Chouraqui llegó a las televisiones y al vídeo, pero nunca encontré un momento para verla. Hasta que hace poco leí una reseña en la que vi que tenía que incluirla en mi colección de películas sobre fotografía. Y aquí va mi reseña.

El personaje que interpreta Elias Koteas recibe un premio por su labor como fotógrafo de manos de su amigo Harrison (David Strathairn).

Argumento

Sarah Lloyd (Andie MacDowell) es una mujer que trabaja como editora en Newsweek, revista para la que trabaja también su marido Harrison (David Strathairn) que es un respetado y premiado fotógrafo especializado en zonas de conflicto bélico. Ambos están enamorados, tiene dos niños pequeños, y en los ratos en los que está con su familia Harrison cuida en un invernadero de las flores que le envía de todo el mundo su cuñado botánico. Harrison es enviado a la antigua Yugoslavia a principios de los noventa del siglo XX, a un conflicto al que no se le da mucha importancia, hasta que desaparece y es dado por muerto en una región de Croacia cerca de Vúkovar. Sin embargo, Sarah se resiste a creer en la muerte de su marido, y haciéndose pasar por reportera gráfica se va a la zona a buscarlo. Las dificultades empezarán pronto, porque el caos y el salvajismo bélico de una intensidad imprevista. Sólo con la ayuda de otros dos fotógrafos de prensa, Marc Stevenson (Brendan Gleeson)Kyle Morris (Adrien Brody), más la de su amigo Yeager Pollack (Elias Koteas) que irá a buscarla, conseguirán llegar a la ciudad mártir y averiguar qué es lo que ha pasado y qué es lo que está pasando.

Harrison fotografía a Sarah mientras viven su relación conyugal entre misiones del fotógrafo.

Interés fotográfico

Básicamente, al igual que en la muy reciente reseña de The Bang Bang Club estamos ante la vida de los fotógrafos de guerra. Una vida muy dura, especialmente en conflictos despiadados como en las guerras yugoslavas en las que la muerte de periodistas o trabajadores de los medios de información estuvo a la orden del día. Aquí estamos ante una descripción muy gráfica de los peligros que corren, en regiones en las que no hay ningún tipo de ley y la humanidad se ha perdido.

Desde el punto de vista de los chismes fotográficos, mientras que en la película citada en el párrafo anterior veíamos sobre todo cámaras Nikon, en esta lo que vemos son modelos de la Canon EOS 1, buque insignia de la marca tras la implantación del sistema EOS, y que fue rápidamente adoptada en el mundo del periodismo en diversos ámbitos. No he conseguido identificar los objetivos que llevan, he tenido la sensación de que algunos eran inapropiados.

Adrien Brody compone un personaje de apariencia fría y cínica, pero que resulta mucho más comprometido y comprensivo de lo que nadie podría esperar.

Interés cinematográfico

Indudablemente estamos ante una película cuyo objetivo es denunciar. A través de las vivencias de los protagonistas, nos acercamos a la realidad de una guerra con un nivel de brutalidad como ya nadie esperaba en la Europa de finales del siglo XX. Los odios étnicos, las unidades militares basadas en bandas y en paramilitares sin control, las políticas de limpieza étnica, el abuso a la población civil y en especial a las mujeres, todo ello con una reacción internacional sumamente débil, que tardó en darse cuenta de lo que allí pasaba, y que tardó aun más en reaccionar poniendo coto a lo que allí pasaba. Realmente es un episodio de la historia que trae la vergüenza sobre los países que se dicen a sí mismos civilizados. La realización es competente y la interpretación correcta por parte de los protagonistas, y mejor por parte de los personajes secundarios. Cosas que pasan. Mi valoración es de una película con 3 estrellas: ***.

Elias Koteas y Andie MacDowell evolucionan por lo que fueron las ruinas de la ciudad croata de Vúkovar.

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