Noche de vino y copas (2011)

SuperClásico

Para empezar, la esquizofrenia que supone que una película danesa cuyo título ¡¡¡está en castellano!!!, cuando llega a nuestras pantallas, con considerable retraso, tenga otro título en castellano distinto. Para continuar, esta película en su versión original está hablada entre tres idiomas: danés, inglés y español porteño. Siendo una comedia, conviene conservar los cambios de idiomas. Así que hay que ver la en versión original. En cualquier caso, en los últimos años han aparecido por cartelera algunas películas del país nórdico que confrontaban de una forma u otra las diferencias culturales entre su cultura y la de los países de cultura latina o mediterránea, de forma inteligente, como autocrítica o como reflexión sobre lo bueno y lo malo de la especie humana. Motivo por el cual decidimos dar una oportunidad a este filme de Ole Christian Madsen. Y además, tiene motivos para estar incluida en esta colección sobre la fotografía en el cine. Ya lo veréis.

El encuentro entre el futbolista y padre e hijo es realmente impactante. Creo que no hace falta que lo describa.

El encuentro entre el futbolista y padre e hijo es realmente impactante. Creo que no hace falta que lo describa.

Argumento

El superclásico al que hace referencia el título original es un acontecimiento futbolístico. Denominan así los argentinos a los enfrentamientos entre River Plate y el Boca Juniors, partidos que despiertan pasiones. La historia va de un vinatero danés, Christian (Anders W. Berthelsen), que fue abandonado por su esposa Anna (Paprika Steen), una antigua futbolista internacional danesa, que ahora se ha metido al negocio de la representación de jugadores. Y se ha hecho representante y amante de Juan Díaz (Sebastián Estevanez), un crack argentino que juega en uno de los dos equipos y que quiere traspasar a un equipo brasileño por una cuantiosa suma, y con quien se quiere casar. Christian quiere recuperar a Anna, y para ello busca la excusa de llevar en persona a Buenos Aires los papeles del divorcio para su firma. Y se lleva con él al hijo de la pareja, Oscar (Jamie Morton). Y llegan justo cuando se va a celebrar el superclásico. Y la cosa no va a ser fácil para Christian puesto que, al complejo triángulo ya formado, se sumarán las diferencias culturales, Fernanda (Adriana Mascialino), una mucama mayor pero sabia y desinhibida, y una jovencita de diecisiete años, Verónica (Dafne Schiling), que impactará en el hijo adolescente. Aunque no será lo único que impacte contra él.

Como siempre, un triángulo rectángulo: los dos catetos, el danés y el argentino, flanqueando a la rubia hipotenusa.

Como siempre, un triángulo rectángulo: los dos catetos, el danés y el argentino, flanqueando a la rubia hipotenusa.

Interés fotográfico

La fotografía digital ha popularizado este medio de expresión artística y de documentación de la realidad entre muchas personas. Muchas más de lo que la practicaban en los tiempos de la tecnología fotoquímica. Y ha impactado especialmente entre la gente más joven. Adolescentes o veinteañeros, más allá de la utilización intesiva que puedan hacer de las cámaras integradas en los teléfonos móviles, se interesan en muchas ocasiones por cámaras de más entidad con las que expresarse o documentar su realidad. Quizá sin buscar siempre un interés artístico, aunque si con una mirada fresca que también puede ser fácilmente influenciable por las modas. Oscar es uno de los adolescentes que adopta la cámara fotográfica como una extensión de sí mismo. Un réflex digital sencilla, de entrada de gama, una Canon EOS de bajo precio, de las que se declinan cada pocos meses en modelos todos muy semejantes entre sí, más por estrategia comercial que por las innovaciones que traen. Pero que por su precio asequible, con el objetivo zoom con el que vienen en kit, se venden relativamente bien entre estos grupos de edad.

Oscar con su cámara, documentando todo lo que le llama la atención en Buenos Aires, una ciudad que a un chico danés le puede llegar a parecer marciana.

Oscar con su cámara, documentando todo lo que le llama la atención en Buenos Aires, una ciudad que a un chico danés le puede llegar a parecer marciana.

En la película vemos utilizar a Oscar su cámara con profusión. Lo fotografía todo. Casi compulsivamente. Hasta cierto punto. Hasta que encuentra lo que realmente le interesa en su vida. Que casualmente tiene una sonrisa radiante, un bonito pelo rubio, y unas bonitas piernas que luce bajo su corta pollera. Porteñamente hablando. He conocido en la vida real algún caso comparable.

Una de las múltiples discusiones del todavía matrimonio. Oscar a desaparecio, encandilado por Verónica, guía en el porteño cementerio de La Recoleta.

Una de las múltiples discusiones del todavía matrimonio. Oscar a desaparecio, encandilado por Verónica, guía en el porteño cementerio de La Recoleta.

Interés cinematográfico

Esta es una película irregular. El planteamiento es curioso y creo que se podían haber sacado buenas cosas de él. Y de hecho tiene sus momentos divertidos, y algún que otro logro en alguna de las situaciones. Bien es verdad, que buena parte del desarrollo y el desenlace de la película están cantados casi desde el principio; pocas sorpresas nos ofrece el filme. Que también se ve lastrado porque en la primera parte del filme, recorre todos los tópicos sobre los argentinos, de forma muy superficial, en un ejercicio de escasa imaginación y sutileza. No obstante, la película se va salvando por las interpretaciones de sus principales protagonistas, que sin estar a un nivel elevado, cumplen con el cometido. Por cierto, los que como yo aborrezcan el fútbol, que no se preocupen. Su lugar en el filme es puramente anecdótico. No va de fútbol.

Comedia irregular por lo tanto, algo desaprovechada pero que se deja ver, y que en esta ocasión no deja tan alto como en otras ocasiones el punto de vista y el humor de los presuntamente sosos nórdicos.

Valoración:

  • Valoración subjetiva: **/***.
Algunos de los momentos más divertidos del filme están en las interacciones de Christian con los más castizos porteños. Cogiéndose unos pedales impresionantes a base de caldos procedentes de la malbec argentina. Por cierto, amiguitos, cuidado con decir "cogiéndose" en aquellos lares. Aquí vale que en España es una palabra inocente, pero allí...

Algunos de los momentos más divertidos del filme están en las interacciones de Christian con los más castizos porteños. Cogiéndose unos pedales impresionantes a base de caldos procedentes de la malbec argentina. Por cierto, amiguitos, cuidado con decir “cogiéndose” en aquellos lares. Aquí vale que en España es una palabra inocente, pero allí…

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