De tal padre, tal hijo (2013)

De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni naru, 2013)

Dos semanas dedicadas a cómo ven los directores de cine las relaciones familiares. Primero veíamos Tôkyô kazoku (Una familia de Tokio), nueva versión de Tôkyô monogatari (Cuentos de Tokio), en los días siguientes por gentileza de una cadena por satélite volvía a ver la original, que se confirma como muy superior, tanto en la forma como en los elementos de la historia, por iguales que parezcan en este aspecto, esta semana nos hemos ido a ver esta última película de Hirokazu Koreeda, muy premiada y reconocida en festivales de cine. Además, después del buenísimo sabor de boca que nos dejó Kiseki (Milagro), del mismo director, parecía obligatorio ir a verla. La lastima es que no ha llegado a Zaragoza en versión original. El caso es que esta película tiene relación con la fotografía. No como tema central, ni mucho menos, pero lo suficiente para incluirla.

Madre e hijo de los Nonomiya; los de clase alta.

Madre e hijo de los Nonomiya; los de clase alta.

Argumento

Se nos presenta a Ryota Nonomiya (Masaharu Fukuyama), un arquitecto de éxito, para quien el trabajo y el éxito lo es todo después de venir de una familia y un ambiente difíciles, que además tiene lo que parece una familia prácticamente ideal. Una esposa, Midori (Machiko Ono), guapa, cariñosa y dedicada, con un hijo en quien proyectar sus anhelos de futuro. De repente, cuando el niño cumple 6 años, les llaman de la clínica donde nació anunciándoles que hubo un error en el nacimiento. Y hubo un intercambio de niños. Su hijo biológico ha sido criado por los Saiki, una familia de clase trabajadora, con tres niños, que salen adelante con una tienda de reparaciones electrónicas. La madre, Yukari (Yôko Maki), es cariñosa y atenta, pero enérgica y nada sobreprotectora. El padre es una aparente catástrofe de hombre, Yudai (Rirî Furankî a veces escrito Lily Franky), pero todo corazón. El dilema viene sobre qué hacer. Intercambiar o no a los niños. Quedarse con el que cada familia a cuidado durante seis años, u optar por el tirón de la sangre.

Madre e hijo de los Saiki; lo de clase baja. No se pone en cuestión en ningún momento el instinto materno, salvo por que no se les permite acoger a los dos niños.

Madre e hijo de los Saiki; lo de clase baja. No se pone en cuestión en ningún momento el instinto materno, salvo por que no se les permite acoger a los dos niños.

Interés fotográfico

La fotografía ha sido desde su popularización por Kodak principalmente un elemento fundamental en la construcción de la memoria, la identidad y el sentido de pertenencia de las familias. Casi todos guardamos en casa álbumes de fotografías con los momentos más significativos de nuestros acontecimientos familiares, de las vacaciones, de las excursiones… en general de los momentos alegres, pocas veces de los tristes. De nuestros padres o abuelos, no es extraño haber heredado baúles, cajas de zapatos o cajones llenos de viejas fotografías, más o menos amarillentas, con familiares cuyos nombres hemos olvidado, muchos ni hemos conocido, pero que eran importantes para estas generaciones anteriores. Hoy todo esto está un poco en peligro. No porque no se hagan fotografías. Con los medios digitales, cámaras, teléfonos, etcétera, se hacen más que nunca. Pero se imprimen muy pocas. Y estos álbumes o cajones de recuerdos se nos están perdiendo.

Vemos alguno detalle de estos en la película. No los puedo traer aquí, no he encontrado capturas de pantalla de fotogramas en los que aparecen los protagonistas empuñando cámaras fotográficas. Los Nonomiya, bien situados, con dinero, una poderosa Canon EOS, probablemente un 5D Mark III si no he visto mal. No he identificado el modelo. Con ella se hacen las fotos familiares; con despreocupación. Incluso el padre, orgulloso de su objeto y de su hijo, se lo deja para obtener fotografías de sí mismo a través de la visión de su hijo. Que resultará no ser su hijo. Los Saiki sin embargo, más modestos, se conforman con un pequeña compacta. Probablemente también Canon, de la serie Ixus, o más bien Ixy, tratándose de Japón. Hay un momento en que ambas fotografías posan para ambas cámaras. Un curioso recuerdo, con los dos padres preparando el disparador retardado de sus muy diferentes cámaras. Y con las dos familia posando juntas, pero no revueltas, con los hijos que no son (o sí), y cada una con un estilo muy distinto. Muy significativo. Por ello, por estos instantes, he decidido que esta película esté en mi colección de cine y fotografía.

Esta es una fotografía para la promoción de la película, que remeda pero no es exactamente igual que la escena de la película en la que ambas familias posan para las dos cámaras. Para empezar, porque faltan los dos niños pequeños de los Saiki. Y además, las poses son distintas y más significativas.

Esta es una fotografía para la promoción de la película, que remeda pero no es exactamente igual que la escena de la película en la que ambas familias posan para las dos cámaras. Para empezar, porque faltan los dos niños pequeños de los Saiki. Y además, las poses son distintas y más significativas.Pero es lo que he encontrado por ahí.

Interés cinematográfico

Frente al dinamismo y alegría que nos trasmitía la película antes comentada del mismo director, aunque no faltasen los problemas, en esta ocasión estamos ante un filme más introspectivo, más reflexivo. Estamos ante una serie de personas que se ven enfrentadas ante un fuerte dilema, que tiene que trastocar mucho sus vidas. ¿Quién es su hijo? ¿Ese niño que han estado queriendo, cuidando y educando durante seis años, y que en ningún momento han visto de otra forma que no fuese como un hijo propio? ¿O es ese niño totalmente desconocido, de costumbres extrañas, pero que lleva tus mismos genes, tu misma “sangre”? La familia protagonista son los Nonomiya; una familia privilegiada, pero insatisfecha. Vemos una madre cariñosa y preocupada, pero dañada por las circunstancias y consecuencias de su maternidad. Vemos un padre que nunca estará satisfecho, porque más que querer aspirar a ser algo, está luchando por escapar de algo. Y un niño cogido en medio, condenado a sufrir unas expectativas que no sabemos, que no sabe, si puede llegar a satisfacer. Hay muchos detalles que son significativos. Y alguno demoledor. Tremendo el certamen de piano. La cantidad de cosas que es capaz de decir el director en escenas en las que no se dice una sola palabra. Qué capacidad para el lenguaje cinematográfico. Qué drama el del padre atrapado en su propia trampa moral. No me estoy olvidando de los Saiki. Son fundamentales en la película. Pero no son los protagonistas. Son los antagonistas. Son personas satisfechas con lo que se les ha dado. Que viven la vida con mucha más sencillez. Pero no nos están contando sus dilemas, sus problemas, sus conflictos. No caigamos en la trampa. Están ahí para que los rasgos de Nonomiya aparezcan más acusados. En el borde de la distorsión. Tremenda exposición de conflictos éticos.

Todo ello con colaboración necesaria de unos intérpretes muy contenidos, pero muy eficaces en sus trabajos, que encarnan perfectamente a los personajes. Probablemente, el hecho de que no sean para nosotros intérpretes conocidos, los hacen más creíbles, los vemos con menos prejuicios en sus respectivos papeles. La lastima es el doblaje. Que hace que nos perdamos muchos matices que están ahí.

Un poco "tramposa" la película, al antagonizar al padre exitoso con uno pobretón pero cariñoso y de gran corazón.

Un poco “tramposa” la película, al antagonizar al padre exitoso con uno pobretón pero cariñoso y de gran corazón.

Una película recomendable. No para los tontos ruidosos e impacientes que no hicieron más que molestar, probablemente porque no tenían ni idea de qué película iban a ver. Si lo que te va es empapuzarte de palomitas mientras ves a ruidosos y verborreicos personajes evolucionar sin sentido, pero con muchas explosiones, y a veces vestidos con pijamas de colores, esta película probablemente no sea para ti. Si te interesa una interesante reflexión sobre la paternidad, la familia, los modelos de convivencia, con drama, pero con alguna ocasión para el (buen) humor.

Película interesante que nos hará pensar un poco. Mi valoración es de 4 estrellas: ****.

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