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La caméra de Claire (2017)

La caméra de Claire

Una película cuyo título hace referencia a una cámara fotográfica, la cual tiene durante el desarrollo del film un papel importante en el desarrollo de los acontecimientos,… parece obligado que la incluya en mi colección sobre la fotografía en el mundo del cine. Así que aquí va mi comentario sobre esta película del coreano Hong Sang-soo.

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Aunque el trabajo del resto del reparto es también muy apreciable, indudablemente son Kim Min-hee e Isabelle Huppert las que gozan de las mejores oportunidades de lucimiento, y del protagonismo del film.

Sinopsis

Durante el festival de Cannes de 2016, una mujer que trabaja en una distribuidora surcoreana de películas de cine (Kim Min-hee) es despedida por su jefa (Chang Mi-hee), sin saber muy bien por qué, y acusada de ser deshonesta. Una serie de encuentros casuales en los días siguientes en la ciudad francesa entre estas dos mujeres, un director de cine (Jung Jin-young) y una mujer francesa, llamada Claire (Isabelle Huppert) “armada” con una cámara de fotos instantáneas, nos permitirán conocer qué es lo que ha pasado en realidad.

Nota: Los nombres coreanos, por respeto a sus costumbre, presentan en primer lugar el apellido de la persona, por ejemplo, Hong, Kim, Chang o Jung.

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El director y Claire conversan sobre las coincidencias que se producen esos días en Cannes.

Interés fotográfico

Básicamente, el interés fotográfico gira alrededor de la cámara de fotografía instantánea con la que Isabelle Huppert pasea por las calles de Cannes. Si no me equivoco, se trata de una Fujifilm Instax Mini 70, que carga cartuchos de 10 fotografías instantáneas de un tamaño aproximado al de una tarjeta de visita, con una superficie útil para la imagen fotográfica de 46 x 62 mm, poco más que un negativo de formato medio de 6 x 4,5.

Estas cámaras están teniendo un gran éxito en los últimos años, suponiendo una importante fuente de ingresos para la división de productos fotográficos de Fujifilm, que por otro lado está eliminando otras formas de fotografía sobre película fotoquímica, centrándose más en su gama de cámaras digitales, que probablemente no le generan tantos beneficios como los pequeños cartuchos de película para estas cámaras Instax.

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Claire con su Instax, dispuesta a encontrar un motivo para fotografiar. “Taking a photo is something very important, because if I take a photo of you, you are not the same person anymore” (Tomar una foto es algo muy importante, porque si te hago una foto, no volverás ser la misma persona) [Cita de la película]

Interés cinematográfico

El diretor, Hong Sang-soo, y la protagonista coreana de la película, Kim Min-hee, dieron a conocer unos años su relación como pareja, con el consiguiente divorcio del director de su esposa anterior, bastante contrariada. Como consecuencia, ambos sufrieron fuertes críticas de los medios y de la sociedad coreana, que han llevado a que ambos realizaran un par de películas para hacer una cierta catarsis sobre el tema. Especialmente debido a que las críticas han sido especialmente duras hacia la actriz. La primera película, en clave de drama, la pudimos ver el año pasado, y ya nos generó bastante interés.

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Claire y Man-hee contemplan las pequeñas fotos Instax Mini.

La película actual, rodada sobre la marcha durante la edición del festival de Cannes de 2016, tiene un tono más ligero, pero no deja de tener un potente contenido de reivindicación de la mujer, la víctima más frecuente de las críticas en estas situaciones, incluso si es el hombre el que ha roto sus compromisos anteriores con otras parejas.

Una buena dirección, unas excelentes interpretaciones y una enorme frescura en un cine hecho con muy pocos medios, en muy poco tiempo, pero con las ideas muy claras, hacen que esta película sea muy recomendable.

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Si Kim Min-hee nos llamó la atención por su belleza, su elegancia, su atractivo físico y su bien hacer en “Ah-ga-ssi” (La doncella), en las siguientes películas que le he visto se ha confirmado como una actriz excelente que ha sabido evolucionar de su condición de modelo e ídolo juvenil en su juventud, a una profesional madura, capaz de desarrollar una diversidad de registros.

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Hikari [光] (2017)

Hikari [光] (2017)

Estamos ante la tercera película que veo de la directora japonesa Naomi Kawase, que a través de su éxito en los festivales de cien ha ido encontrando su camino a la distribución de sus películas en occidente. De hecho, esta película es coproducción con una productora francesa, lo que aún garantiza más su exhibición en Europa. Nuevamente entramos en la intimidad de la vida de personas que viven en relativa soledad y con profundos conflictos internos, y que encuentran refugio en su relación con otras gentes con conflictos similares. Pero en esta ocasión, uno de los protagonistas encarna a un fotógrafo, motivo por el que la traigo a esta lista de La fotografía en el cine.

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Masatoshi Nagase compone un personaje atormentado y solitario, atado a su trabajo y su cámara a quienes está perdiendo.

Argumento

Misako (Ayame Misaki) es una joven escritora que trabaja escribiendo audiodescripciones de películas para su proyección ante un público ciego o con una grave discapacidad visual. En el grupo de colaboradores en el que se discute su trabajo se encuentra Nakamori (Masatoshi Nagase), un fotógrafo que todavía no ha perdido totalmente la visión aún, pero siente que esa situación va a llegar pronto. Ambos sufren sensaciones de pérdida. Nakamori, la que podemos imaginar por su discapacidad. Misako tiene a su madre en un pueblo de las montañas, con una demencia, sostenida por la red de apoyo social de la sociedad rural, pero con la necesidad de buscar una solución definitiva para la enferma. Y añora la ausencia del padre; mucho. Ambas personas chocarán. Pero también encontrarán un posible camino para paliar sus respectivos sufrimientos.

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La guapasa Misako de Ayame Misaki es una joven dedicada y preocupada, pero también desconcertada, que no siempre encuentra su lugar en los ambientes en los que se desenvuelve.

Interés fotográfico

Como ya hemos dicho, Nakamori es un fotógrafo de cierto prestigio. Publicado, que empieza a ser echado de menos por el medio y por sus colegas de profesión. No ha dejado de hacer fotos, y sigue cargando con su Rolleiflex, que lleva a todas partes. En un momento dado define la cámara como “su corazón”, sin la cual no puede vivir. Aunque sabe que tendrá que renunciar a ella. Quizá una de las fotos que le vemos hacer sea la última.

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La Rolleiflex, desconozco qué modelo es, seguramente un 2,8 relativamente moderna por el amplio diámetro de su objetivo, es una cámara clásica. En su momento fue muy apreciada por los fotorreporteros por ser relativamente ligera. También se usaron en el mundo de la moda. Ofrecían un negativo de 56 x 56 mm (6 x 6 en términos redondos), sobre película de medio formato tipo 120. El modelo original es de 1929, pero hasta que cerró el fabricante en 2015 se fabricaron numerosas variantes. Las principales diferencias radicaban en los objetivos. En los modelos más antiguos existieron objetivos Tessar de Carl Zeiss o Xenar de Schneider-Kreuznach, ópticas de 4 elementos en 3 grupos. Pero estos con el tiempo fueron relegados a los modelos Rolleicord, más sencillos, destinados al mercado aficionado. Las Rolleiflex pasaron a lucir objetivos Planar de Carl Zeiss o Xenotar de Schneider-Kreuznach, con aperturas máximas de f/3,5 o f/2,8, y fórmulas ópticas simétricas de 5, 6 o 7 elementos, mucho más nítidas y luminosas desde el momento en que se popularizaron los revestimientos antireflejos de las lentes, que prevenían las pérdidas de contraste.

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Casi todas se vendían con un objetivo de focal estándar, 7,5 cm (75 mm) al principio y 80 mm después, pero hubo versiones con objetivos angulares y teleobjetivos. Yo dispongo una copia de estas cámaras, una Yashica Mat 124G, muy digna, con un objetivo tipo Tessar, Yashinon 80/3,5, que es una delicia de usar.

La llegada de las Leica primero y las Nikon réflex después, junto con los avances en la calidad y la nitidez de las películas fotográficas, relegaron a estas cámaras de su uso en reportaje. Mientras, las más pesadas Hasselblad, con su modularidad y capacidad de aceptar numerosos accesorios y diversas ópticas, se impusieron en el mundo de la moda y del estudio.

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Interés cinematográfico

Kawase es una directora muy personal, muy intimista, que bucea mucho en la interioridad de los personajes, que puede extasiarse filmando unas ramas de los árbales movidas por el viento, el romper de las olas en una playa solitaria, o en una puesta de sol. A veces desconcierta al espectador que está acostumbrado a la acción, que espera con ansiedad unos acontecimientos que no llegan. Pero es bastante hábil para trasnmitirnos la sensación de soledad, y hasta desamparo, de los protagonistas de sus películas. En esta ocasión cuenta con el buen trabajo de los protagonistas. Aunque con algún pero. La chica parece demasiado joven para determinadas reacciones hacia el veterano fotógrafo, que son un poco difíciles de “comprar” por parte del espectador.

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El elemento que da cohesión a toda la película es la luz. Esta está presente de una forma u otra en todos los encuadres. Con significados diversos. El título de la película en japonés “Hikari” viene representado por el kanji para “luz”, 光 .

Por otro lado, este tiene que estar especialmente atento a las resonancias que los temas y las situaciones tienen en las distintas capas de la película. Las historias de los dos protagonistas, pero también la de la película, ficticia, sobre la que están trabajando. A mí me ha merecido la pena, y le pongo al menos tres estrellas***.

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Hay elementos que chirrían en la relación entre los protagonistas, pero la película tiene un pase bastante amplio, y se puede recomendar.

 

Marguerite (2015)

Marguerite

He estado dudando unos días entre incluir o no esta película dirigida por Xavier Giannoli y excelentemente interpretada por Catherine Frot entre otros en mi colección de películas sobre la fotografía en el cine. Parecía que era coger el tema un poco de refilón. Pero después de darle unas vueltas creo que no.

No voy a realizar una entrada muy larga, quien quiera conocer mis impresiones sobre el argumento y el interés cinematográfico del filme que se dirija a la entrada correspondiente en el Cuaderno de Ruta. Aquí me dedicaré exclusivamente al…

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Marguerite, “interpretando” una de sus arias favoritas… ante la mirada atenta y ¿atónita? de la orquesta.

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Un “profesor” de canto intenta poner en forma a la aficionada soprano para actuar en público.

Interés fotográfico

A pesar de que nos encontramos en 1920, lo hacemos en el seno de una familia tradicional, de la alta sociedad, conservadora por lo tanto, que le cuesta adoptar los avances de la modernidad. De alguna forma, mientras en el mundo cultural del París de posguerra los “ismos” surgen como setas en otoño, tras las puertas de la mansión de los Dumont se han quedado un poquito en el siglo XIX. Y de la misma forma que Marguerite sueña con ser una soprano operística como sus ídolos del pasado, su fiel Madelbos (Denis Mpunga) contribuye a su delirio fotografiando a su señora caracterizada como los caracteres más famosos de las óperas italianas, alemanas o francesas de los siglos XVIII y XIX.

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Madelbos, en el momento de disparar su arcaica cámara de banco.

Fue una costumbre relativamente frecuente en los primeros tiempos de la fotografía que la alta sociedad se retratase disfrazada de sus héroes favoritos, procedieran de la mitología, de la literatura, de la historia sagrada, o como en este caso, de la ópera. Fotógrafos profesionales o aficionados, con las pesadas cámaras de banco y el destello de la magnesia para acortar las exposiciones necesarias para impresionar las emulsiones sobre placas de cristal más antiguas, de escasa sensibilidad. Esta es la forma de fotografiar de Madelbos a su señora. Por supuesto, el proceso de revelado es de tipo casero.

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En el revelado.

Las fotografías de esa época, ya arcaicas en los años 20 del siglo XX, estaban muy influenciadas por la pintura y por las tendencias en la misma, especialmente por los prerrafaelitas. Temas antiguos, mitológicos, nuevas formas de representar la figura humana echando la vista atrás a los siglox XIII y XIV (anteriores a Rafael), y motivos románticos. La transposición al negativo de los “tableaux vivants” era otro de los motivos habituales en estas fotografías.

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“Tableau vivant” de inspiración claramente wagneriana.

Pero estamos en los años 20… momento de “ismos”. Y hay detalles fotográficos que denotan las tendencias del momento. Desde luego los collages que surgen entre dadaistas, surrealistas y otros movimientos, en los que la fotografía tiene siempre un papel importante.

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Un collage con Marguerite como protagonista, enviado por sus admiradores dadaistas.

Y por qué no también las colecciones de fotografías clandestinas, pícaras, de carácter erótico o pornográfico, para él, para ella o para los dos, que circulaban entre los ambientes de conocedores…

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Camufladas entre unas partituras, las fotografías de unos efebos hacen las delicias del profesor de canto de Marguerite.

Y el momento final,… cuando más descarnada se muestra la mirada de Madelbos en busca de su obra maestra, la que da sentido a toda su historia… y quizá, desde un punto de vista tragicómico, a la historia de Marguerite. No diré más por no destripar el argumento de la obra.

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Madelbos ante su fotografía final, su obra maestra.

Como ya comenté en el comentario que hice sobre la película, no es un largometraje del todo acertado, aunque se deje ver sin problemas, con sus risas, sus dramas, sus tragedias, y sobretodo el entrañable trabajo de Frot al frente del reparto.

A esta película le puse 3 estrellas: ***. Aunque con un poco más de valentía en la realización y un guion más cuidado, había material para mucho más.

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La película desperdicia algunos de los elementos que la componen, como por ejemplo, la joven mezzosoprano, Hazel, que podía ser un contrapunto interesante a Marguerite.

La fidelité (2015)

La fidelité

A pesar de los quince años que han podido pasar desde que esta película se estrenó en España, recuerdo muy bien porqué en aquel momento no fuimos a verla. Su actriz protagonista, la modelo e intérprete francesa Sophie Marceau, había sido una de las actrices más populares del país vecino en la década de los noventa. Guapa hasta decir basta, chic como sólo lo puede ser una francesa, las revistas de moda con su fotografía en portada eran objeto de colección muy cotizadas en los “bouquinistes” de las orillas del Sena.

Pero tras varios dramas de época y algún que otro intento de saltar a Hollywood en producciones más comerciales, quedaba en evidencia que si bien como modelo podía no tener precio, como actriz resultaba fría y con frecuencia impersonal. Parecía incapaz de ofrecer el calor y la pasión que muchos de sus papeles merecían. Así que esta película realizada por el director polaco que fue su pareja durante casi dos décadas, Andrzej Zulawski, fue incapaz de atraernos a las salas de cine.

En estos momentos me encuentro leyendo un libro sobre cine y fotografía, y en él aparece comentado este filme en el que Marceau encarna a una fotógrafa… así que le he dado una oportunidad vía Netflix, y la he añadido a mi colección sobre la fotografía en el cine.

Clèlia y Clève, matrimonio de conveniencia, pero con un compromiso de fidelidad muy fuerte.

Clèlia y Clève, matrimonio de conveniencia, pero con un compromiso de fidelidad muy fuerte.

Argumento

De vez en cuando, nuestros vecinos le dan una vuelta a la novela La princesa de Cléveris, un clásico francés del siglo XVII que reflexiona sobre la condición de la mujer, sobre el amor, y la fidelidad y el compromiso adquirido. Y como hacen de vez en cuando, adaptan la novela a los tiempos modernos, por lo que convierten a Mademoiselle de Chartres en la fotógrafa Clélia (Marceau), al príncipe de Cléveris en uno de los hijos de un magnate editorial, Clève (Pascal Greggory), y al guapo duque de Nemours en Nemo (Guillaume Canet), un aguerrido papparazzo que no se arredra a la hora de internarse en los bajos fondos para conseguir sus reportajes. Este trío será protagonista de una historia de amores y pasiones no resueltas, marcadas por los celos y la desconfianza.

Clélia y Nemo, atracción mutua fuerte, pero frenada por el compromiso de la chica hacia su marido.

Clélia y Nemo, atracción mutua fuerte, pero frenada por el compromiso de la chica hacia su marido.

Interés fotográfico

Estamos ante una fotógrafa muy polifacética. En el momento en que comienza esta laaaaaarga película de 166 minutos (hay una versión más corta de una hora y 45 minutos), Clélia ha publicado un par de libros con fotografías de carácter intimista, tal vez conceptual. Sabemos que nunca se separa de una pequeña cámara compacta. Se trata de una Olympus µ(mju)-II plateada. Yo dispongo de una cámara de este tipo, pero de color negro. En el año 2000, cuando se estrenó esta película, las cámaras digitales estaban asomando la patita, pero el mundo de la fotografía estaba dominado por la película tradicional. La pequeña µ(mju)-II, conocida también como Stylus Epic en el mercado norteamericano, era la perfecta cámara “toma notas”. Bolsillera, usaba un objetivo de focal fija de 35 mm, ideal para reportaje, con una apertura máxima bastante luminosa, f/2,8, tratándose del formato de 24 x 26 mm y de un modelo tan compacto. Hubo una primera versión con luminosidad más modesta, f/3,5, cámara que regale a mi familia unos años antes, también muy usable, y varios modelos zoom, menos interesantes. Esta cámara fue muy  apreciada por la calidad de su objetivo, cuyo principal problema era el viñeteo a plena apertura, y por su excelente sistema de medición que permitía su uso con diapositivas sin problemas. Yo lo hice.

Clélia con su Olympus mju-II, descocada en un vestuario de deportistas masculinos. La mju-II estaba tropicalizada, por lo que es adecuada para un ambiente húmedo como las duchas de un vestuario.

Clélia con su Olympus mju-II, descocada en un vestuario de deportistas masculinos. La mju-II estaba tropicalizada, por lo que es adecuada para un ambiente húmedo como las duchas de un vestuario.

Clélia es contratada por una editorial cuyas publicaciones tienen un carácter sensacionalista. Y para esos trabajos la vemos utilizar otra cámara emblemática. Nada menos que una Nikon D1, la primera réflex digital profesional de Nikon, que apareció en el mercado en 1999, con unos impresionantes 2,7 megapíxeles.

Clélia con la Nikon D1 y un objetivo no bien identificado, probablemente un 300/2,8, en una cancha de hockey sobre hielo.

Clélia con la Nikon D1 y un objetivo no bien identificado, probablemente un 300/2,8, en una cancha de hockey sobre hielo.

Para sus trabajos más personales, la vemos usar dos clásicos de la fotografía. En reportaje, un Leica M6 TTL de color negro. No alcanzamos a ver qué objetivo utiliza, probablemente un 35 mm o un 50 mm, en cualquier caso Summicron, por el tamaño que alcanza. También la vemos realizar bodegones o fotografía de plantas así como retratos con una Hasselblad de la serie V, que podría ser una 501 CM o una 503 CW, no puedo precisar. Siempre armada con un Carl Zeiss Planar 80/2,8. La actriz no utiliza bien estas cámaras en su interpretación ya que con frecuencia la vemos usarlas por debajo de la distancia mínima de enfoque de sus objetivo.

Uno de los catetos de este triángulo rectángulo amoroso pasional que flanquean a la hipotenusa Clélia, Némo, también es fotógrafo. Y desde el primer momento queda claro que no es compatible con la chica. Es de Canon, y lo vemos usar una Canon EOS 1N, el buque insignia profesional de la marca japonesa en los tiempos de la película tradicional.

Sospecha de baja compatibilidad entre Clélia y Nemo; el color blanco del teleobjetivo "denuncia" su carácter de "canonista".

Sospecha de baja compatibilidad entre Clélia y Nemo; el color blanco del teleobjetivo “denuncia” su carácter de “canonista”.

Interés cinematográfico

Desgraciadamente, los motivos que en el momento de su estreno en salas cinematográficas nos llevaron a no acercarnos a ella para ver esta película se confirman. La película es pretenciosa. En su versión larga se hace insoportablemente larga ya que los minutos añadidos no aportan nada auténtico a la historia. La propia relación de la fotógrafa con el que será su marido y con el que será su potencial amante se hace incomprensible. Una vez más Sophie Marceau está al mismo tiempo insoportablemente guapa y atractiva como mujer, pero también excesivamente fría y distante, y muy impostada en su encarnación de la fotógrafa polivalente y dispuesta a todo. Sinceramente, no es una película que recomendaría con carácter general.

Y es que yo no le daría, en mi valoración particular, más de 2 estrellas: **.

La película podría haber dado más de sí... pero resulta bastante decepcionante... ¡qué se le va a hacer!

La película podría haber dado más de sí… pero resulta bastante decepcionante… ¡qué se le va a hacer!