Archivo de la categoría: Romance

La caméra de Claire (2017)

La caméra de Claire

Una película cuyo título hace referencia a una cámara fotográfica, la cual tiene durante el desarrollo del film un papel importante en el desarrollo de los acontecimientos,… parece obligado que la incluya en mi colección sobre la fotografía en el mundo del cine. Así que aquí va mi comentario sobre esta película del coreano Hong Sang-soo.

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Aunque el trabajo del resto del reparto es también muy apreciable, indudablemente son Kim Min-hee e Isabelle Huppert las que gozan de las mejores oportunidades de lucimiento, y del protagonismo del film.

Sinopsis

Durante el festival de Cannes de 2016, una mujer que trabaja en una distribuidora surcoreana de películas de cine (Kim Min-hee) es despedida por su jefa (Chang Mi-hee), sin saber muy bien por qué, y acusada de ser deshonesta. Una serie de encuentros casuales en los días siguientes en la ciudad francesa entre estas dos mujeres, un director de cine (Jung Jin-young) y una mujer francesa, llamada Claire (Isabelle Huppert) “armada” con una cámara de fotos instantáneas, nos permitirán conocer qué es lo que ha pasado en realidad.

Nota: Los nombres coreanos, por respeto a sus costumbre, presentan en primer lugar el apellido de la persona, por ejemplo, Hong, Kim, Chang o Jung.

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El director y Claire conversan sobre las coincidencias que se producen esos días en Cannes.

Interés fotográfico

Básicamente, el interés fotográfico gira alrededor de la cámara de fotografía instantánea con la que Isabelle Huppert pasea por las calles de Cannes. Si no me equivoco, se trata de una Fujifilm Instax Mini 70, que carga cartuchos de 10 fotografías instantáneas de un tamaño aproximado al de una tarjeta de visita, con una superficie útil para la imagen fotográfica de 46 x 62 mm, poco más que un negativo de formato medio de 6 x 4,5.

Estas cámaras están teniendo un gran éxito en los últimos años, suponiendo una importante fuente de ingresos para la división de productos fotográficos de Fujifilm, que por otro lado está eliminando otras formas de fotografía sobre película fotoquímica, centrándose más en su gama de cámaras digitales, que probablemente no le generan tantos beneficios como los pequeños cartuchos de película para estas cámaras Instax.

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Claire con su Instax, dispuesta a encontrar un motivo para fotografiar. “Taking a photo is something very important, because if I take a photo of you, you are not the same person anymore” (Tomar una foto es algo muy importante, porque si te hago una foto, no volverás ser la misma persona) [Cita de la película]

Interés cinematográfico

El diretor, Hong Sang-soo, y la protagonista coreana de la película, Kim Min-hee, dieron a conocer unos años su relación como pareja, con el consiguiente divorcio del director de su esposa anterior, bastante contrariada. Como consecuencia, ambos sufrieron fuertes críticas de los medios y de la sociedad coreana, que han llevado a que ambos realizaran un par de películas para hacer una cierta catarsis sobre el tema. Especialmente debido a que las críticas han sido especialmente duras hacia la actriz. La primera película, en clave de drama, la pudimos ver el año pasado, y ya nos generó bastante interés.

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Claire y Man-hee contemplan las pequeñas fotos Instax Mini.

La película actual, rodada sobre la marcha durante la edición del festival de Cannes de 2016, tiene un tono más ligero, pero no deja de tener un potente contenido de reivindicación de la mujer, la víctima más frecuente de las críticas en estas situaciones, incluso si es el hombre el que ha roto sus compromisos anteriores con otras parejas.

Una buena dirección, unas excelentes interpretaciones y una enorme frescura en un cine hecho con muy pocos medios, en muy poco tiempo, pero con las ideas muy claras, hacen que esta película sea muy recomendable.

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Si Kim Min-hee nos llamó la atención por su belleza, su elegancia, su atractivo físico y su bien hacer en “Ah-ga-ssi” (La doncella), en las siguientes películas que le he visto se ha confirmado como una actriz excelente que ha sabido evolucionar de su condición de modelo e ídolo juvenil en su juventud, a una profesional madura, capaz de desarrollar una diversidad de registros.

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Hikari [光] (2017)

Hikari [光] (2017)

Estamos ante la tercera película que veo de la directora japonesa Naomi Kawase, que a través de su éxito en los festivales de cien ha ido encontrando su camino a la distribución de sus películas en occidente. De hecho, esta película es coproducción con una productora francesa, lo que aún garantiza más su exhibición en Europa. Nuevamente entramos en la intimidad de la vida de personas que viven en relativa soledad y con profundos conflictos internos, y que encuentran refugio en su relación con otras gentes con conflictos similares. Pero en esta ocasión, uno de los protagonistas encarna a un fotógrafo, motivo por el que la traigo a esta lista de La fotografía en el cine.

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Masatoshi Nagase compone un personaje atormentado y solitario, atado a su trabajo y su cámara a quienes está perdiendo.

Argumento

Misako (Ayame Misaki) es una joven escritora que trabaja escribiendo audiodescripciones de películas para su proyección ante un público ciego o con una grave discapacidad visual. En el grupo de colaboradores en el que se discute su trabajo se encuentra Nakamori (Masatoshi Nagase), un fotógrafo que todavía no ha perdido totalmente la visión aún, pero siente que esa situación va a llegar pronto. Ambos sufren sensaciones de pérdida. Nakamori, la que podemos imaginar por su discapacidad. Misako tiene a su madre en un pueblo de las montañas, con una demencia, sostenida por la red de apoyo social de la sociedad rural, pero con la necesidad de buscar una solución definitiva para la enferma. Y añora la ausencia del padre; mucho. Ambas personas chocarán. Pero también encontrarán un posible camino para paliar sus respectivos sufrimientos.

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La guapasa Misako de Ayame Misaki es una joven dedicada y preocupada, pero también desconcertada, que no siempre encuentra su lugar en los ambientes en los que se desenvuelve.

Interés fotográfico

Como ya hemos dicho, Nakamori es un fotógrafo de cierto prestigio. Publicado, que empieza a ser echado de menos por el medio y por sus colegas de profesión. No ha dejado de hacer fotos, y sigue cargando con su Rolleiflex, que lleva a todas partes. En un momento dado define la cámara como “su corazón”, sin la cual no puede vivir. Aunque sabe que tendrá que renunciar a ella. Quizá una de las fotos que le vemos hacer sea la última.

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La Rolleiflex, desconozco qué modelo es, seguramente un 2,8 relativamente moderna por el amplio diámetro de su objetivo, es una cámara clásica. En su momento fue muy apreciada por los fotorreporteros por ser relativamente ligera. También se usaron en el mundo de la moda. Ofrecían un negativo de 56 x 56 mm (6 x 6 en términos redondos), sobre película de medio formato tipo 120. El modelo original es de 1929, pero hasta que cerró el fabricante en 2015 se fabricaron numerosas variantes. Las principales diferencias radicaban en los objetivos. En los modelos más antiguos existieron objetivos Tessar de Carl Zeiss o Xenar de Schneider-Kreuznach, ópticas de 4 elementos en 3 grupos. Pero estos con el tiempo fueron relegados a los modelos Rolleicord, más sencillos, destinados al mercado aficionado. Las Rolleiflex pasaron a lucir objetivos Planar de Carl Zeiss o Xenotar de Schneider-Kreuznach, con aperturas máximas de f/3,5 o f/2,8, y fórmulas ópticas simétricas de 5, 6 o 7 elementos, mucho más nítidas y luminosas desde el momento en que se popularizaron los revestimientos antireflejos de las lentes, que prevenían las pérdidas de contraste.

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Casi todas se vendían con un objetivo de focal estándar, 7,5 cm (75 mm) al principio y 80 mm después, pero hubo versiones con objetivos angulares y teleobjetivos. Yo dispongo una copia de estas cámaras, una Yashica Mat 124G, muy digna, con un objetivo tipo Tessar, Yashinon 80/3,5, que es una delicia de usar.

La llegada de las Leica primero y las Nikon réflex después, junto con los avances en la calidad y la nitidez de las películas fotográficas, relegaron a estas cámaras de su uso en reportaje. Mientras, las más pesadas Hasselblad, con su modularidad y capacidad de aceptar numerosos accesorios y diversas ópticas, se impusieron en el mundo de la moda y del estudio.

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Interés cinematográfico

Kawase es una directora muy personal, muy intimista, que bucea mucho en la interioridad de los personajes, que puede extasiarse filmando unas ramas de los árbales movidas por el viento, el romper de las olas en una playa solitaria, o en una puesta de sol. A veces desconcierta al espectador que está acostumbrado a la acción, que espera con ansiedad unos acontecimientos que no llegan. Pero es bastante hábil para trasnmitirnos la sensación de soledad, y hasta desamparo, de los protagonistas de sus películas. En esta ocasión cuenta con el buen trabajo de los protagonistas. Aunque con algún pero. La chica parece demasiado joven para determinadas reacciones hacia el veterano fotógrafo, que son un poco difíciles de “comprar” por parte del espectador.

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El elemento que da cohesión a toda la película es la luz. Esta está presente de una forma u otra en todos los encuadres. Con significados diversos. El título de la película en japonés “Hikari” viene representado por el kanji para “luz”, 光 .

Por otro lado, este tiene que estar especialmente atento a las resonancias que los temas y las situaciones tienen en las distintas capas de la película. Las historias de los dos protagonistas, pero también la de la película, ficticia, sobre la que están trabajando. A mí me ha merecido la pena, y le pongo al menos tres estrellas***.

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Hay elementos que chirrían en la relación entre los protagonistas, pero la película tiene un pase bastante amplio, y se puede recomendar.

 

La fidelité (2015)

La fidelité

A pesar de los quince años que han podido pasar desde que esta película se estrenó en España, recuerdo muy bien porqué en aquel momento no fuimos a verla. Su actriz protagonista, la modelo e intérprete francesa Sophie Marceau, había sido una de las actrices más populares del país vecino en la década de los noventa. Guapa hasta decir basta, chic como sólo lo puede ser una francesa, las revistas de moda con su fotografía en portada eran objeto de colección muy cotizadas en los “bouquinistes” de las orillas del Sena.

Pero tras varios dramas de época y algún que otro intento de saltar a Hollywood en producciones más comerciales, quedaba en evidencia que si bien como modelo podía no tener precio, como actriz resultaba fría y con frecuencia impersonal. Parecía incapaz de ofrecer el calor y la pasión que muchos de sus papeles merecían. Así que esta película realizada por el director polaco que fue su pareja durante casi dos décadas, Andrzej Zulawski, fue incapaz de atraernos a las salas de cine.

En estos momentos me encuentro leyendo un libro sobre cine y fotografía, y en él aparece comentado este filme en el que Marceau encarna a una fotógrafa… así que le he dado una oportunidad vía Netflix, y la he añadido a mi colección sobre la fotografía en el cine.

Clèlia y Clève, matrimonio de conveniencia, pero con un compromiso de fidelidad muy fuerte.

Clèlia y Clève, matrimonio de conveniencia, pero con un compromiso de fidelidad muy fuerte.

Argumento

De vez en cuando, nuestros vecinos le dan una vuelta a la novela La princesa de Cléveris, un clásico francés del siglo XVII que reflexiona sobre la condición de la mujer, sobre el amor, y la fidelidad y el compromiso adquirido. Y como hacen de vez en cuando, adaptan la novela a los tiempos modernos, por lo que convierten a Mademoiselle de Chartres en la fotógrafa Clélia (Marceau), al príncipe de Cléveris en uno de los hijos de un magnate editorial, Clève (Pascal Greggory), y al guapo duque de Nemours en Nemo (Guillaume Canet), un aguerrido papparazzo que no se arredra a la hora de internarse en los bajos fondos para conseguir sus reportajes. Este trío será protagonista de una historia de amores y pasiones no resueltas, marcadas por los celos y la desconfianza.

Clélia y Nemo, atracción mutua fuerte, pero frenada por el compromiso de la chica hacia su marido.

Clélia y Nemo, atracción mutua fuerte, pero frenada por el compromiso de la chica hacia su marido.

Interés fotográfico

Estamos ante una fotógrafa muy polifacética. En el momento en que comienza esta laaaaaarga película de 166 minutos (hay una versión más corta de una hora y 45 minutos), Clélia ha publicado un par de libros con fotografías de carácter intimista, tal vez conceptual. Sabemos que nunca se separa de una pequeña cámara compacta. Se trata de una Olympus µ(mju)-II plateada. Yo dispongo de una cámara de este tipo, pero de color negro. En el año 2000, cuando se estrenó esta película, las cámaras digitales estaban asomando la patita, pero el mundo de la fotografía estaba dominado por la película tradicional. La pequeña µ(mju)-II, conocida también como Stylus Epic en el mercado norteamericano, era la perfecta cámara “toma notas”. Bolsillera, usaba un objetivo de focal fija de 35 mm, ideal para reportaje, con una apertura máxima bastante luminosa, f/2,8, tratándose del formato de 24 x 26 mm y de un modelo tan compacto. Hubo una primera versión con luminosidad más modesta, f/3,5, cámara que regale a mi familia unos años antes, también muy usable, y varios modelos zoom, menos interesantes. Esta cámara fue muy  apreciada por la calidad de su objetivo, cuyo principal problema era el viñeteo a plena apertura, y por su excelente sistema de medición que permitía su uso con diapositivas sin problemas. Yo lo hice.

Clélia con su Olympus mju-II, descocada en un vestuario de deportistas masculinos. La mju-II estaba tropicalizada, por lo que es adecuada para un ambiente húmedo como las duchas de un vestuario.

Clélia con su Olympus mju-II, descocada en un vestuario de deportistas masculinos. La mju-II estaba tropicalizada, por lo que es adecuada para un ambiente húmedo como las duchas de un vestuario.

Clélia es contratada por una editorial cuyas publicaciones tienen un carácter sensacionalista. Y para esos trabajos la vemos utilizar otra cámara emblemática. Nada menos que una Nikon D1, la primera réflex digital profesional de Nikon, que apareció en el mercado en 1999, con unos impresionantes 2,7 megapíxeles.

Clélia con la Nikon D1 y un objetivo no bien identificado, probablemente un 300/2,8, en una cancha de hockey sobre hielo.

Clélia con la Nikon D1 y un objetivo no bien identificado, probablemente un 300/2,8, en una cancha de hockey sobre hielo.

Para sus trabajos más personales, la vemos usar dos clásicos de la fotografía. En reportaje, un Leica M6 TTL de color negro. No alcanzamos a ver qué objetivo utiliza, probablemente un 35 mm o un 50 mm, en cualquier caso Summicron, por el tamaño que alcanza. También la vemos realizar bodegones o fotografía de plantas así como retratos con una Hasselblad de la serie V, que podría ser una 501 CM o una 503 CW, no puedo precisar. Siempre armada con un Carl Zeiss Planar 80/2,8. La actriz no utiliza bien estas cámaras en su interpretación ya que con frecuencia la vemos usarlas por debajo de la distancia mínima de enfoque de sus objetivo.

Uno de los catetos de este triángulo rectángulo amoroso pasional que flanquean a la hipotenusa Clélia, Némo, también es fotógrafo. Y desde el primer momento queda claro que no es compatible con la chica. Es de Canon, y lo vemos usar una Canon EOS 1N, el buque insignia profesional de la marca japonesa en los tiempos de la película tradicional.

Sospecha de baja compatibilidad entre Clélia y Nemo; el color blanco del teleobjetivo "denuncia" su carácter de "canonista".

Sospecha de baja compatibilidad entre Clélia y Nemo; el color blanco del teleobjetivo “denuncia” su carácter de “canonista”.

Interés cinematográfico

Desgraciadamente, los motivos que en el momento de su estreno en salas cinematográficas nos llevaron a no acercarnos a ella para ver esta película se confirman. La película es pretenciosa. En su versión larga se hace insoportablemente larga ya que los minutos añadidos no aportan nada auténtico a la historia. La propia relación de la fotógrafa con el que será su marido y con el que será su potencial amante se hace incomprensible. Una vez más Sophie Marceau está al mismo tiempo insoportablemente guapa y atractiva como mujer, pero también excesivamente fría y distante, y muy impostada en su encarnación de la fotógrafa polivalente y dispuesta a todo. Sinceramente, no es una película que recomendaría con carácter general.

Y es que yo no le daría, en mi valoración particular, más de 2 estrellas: **.

La película podría haber dado más de sí... pero resulta bastante decepcionante... ¡qué se le va a hacer!

La película podría haber dado más de sí… pero resulta bastante decepcionante… ¡qué se le va a hacer!

Carol (2015)

Carol

A priori, esta interesante película de Todd Haynes no va de fotografía, va de romance. Un romance de los más intensos y auténticos que he visto últimamente en el cine. Pero he aquí tú que una de las protagonistas es una aficionada a la fotografía que aspira a algo más que ser una aficionada. Vamos a ver un poco de que va.

Argumento

Basada en una novela de Patricia Highsmith con tintes semiautobiográficos, o podríamos decir inspirada en personas o situaciones que conoció y vivió ella, nos cuenta la historia de amor entre dos mujeres en el Nueva York de principios de los años 50 del siglo XX. Por una lado una joven dependienta temporal de unos grandes almacenes, Therese (Rooney Mara), aficionada a la fotografía. Por otro lado, una mujer en sus cuarenta, Carol (Cate Blanchett), ama de casa de la alta sociedad que está pasando por un difícil proceso de divorcio. Serán muchas las dificultades que tendrán que superar ambas mujeres para llevar adelante su incipiente atracción mutua. Desde el rechazo de la conservadora sociedad americana de la época hasta la diferencia socioeconómica y de edad que las separa.

 

Cate Blanchett es Carol, el personaje que da nombre a la película y a la novela de Highsmith cuando se publicó con su nombre. Originalmente se publicó bajo pseudónimo con el título "El precio de la sal". La tengo pendiente de lectura.

Cate Blanchett es Carol, el personaje que da nombre a la película y a la novela de Highsmith cuando se publicó con su nombre. Originalmente se publicó bajo pseudónimo con el título “El precio de la sal”. La tengo pendiente de lectura.

Interés fotográfico

Como ya he dicho, el personaje de Therese es aficionada a la fotografía. Posee un “ladrillo”, una Argus C3, cámara que ya ha aparecido en esta colección de películas relacionadas con la fotografía. La Argus C3 se puede encontrar por ahí descrita como la “leica” americana. No tal. Tienen en común que ambas son cámaras telemétricas, y que utilizan película en rollo de 35 mm. Pero mientras las Leica son cámaras de precisión, de coste elevado, las Argus, que fueron relativamente longevas ya que se fabricaron entre 1938 y 1966, eran modelos de coste asumible, fabricados con baquelita y metal. Muy para el gran público, aunque algunos periodistas las usaron, más por su fiabilidad que por su calidad óptica y su precisión. Llevaban un sencillo objetivo de 50 mm f/3,5 de tres elementos, un triplete acromático, más sencillo que los Tessar de Carl Zeiss o los Elmar de Leica. Therese tiene un improvisado laboratorio en casa donde revela y copia sus propias fotografías, y le gustaría preparar un porfolio para presentarlo a la revista Times.

Therese con su Argus C3 en el momento de "robar" una fotografía de Carol, cuando apenas se conocen todavía.

Therese con su Argus C3 en el momento de “robar” una fotografía de Carol, cuando apenas se conocen todavía.

Pero mejorará su situación, aunque no he encontrado imágenes para ilustrarlo. Conforme comienza la relación entre las dos mujeres, Carol ofrece un especial regalo de Navidad a Therese. En un escaparate encuentra como novedad del momento una Canon telemétrica. En las imágenes de la película se alcanza a ver que se trata de un modelo IV, pero no se aprecia el tipo. A ver. La película se inicia en las vísperas de las navidades de 1952. El modelo Canon IV S se comercializó en enero de 1952, mientras que su descendiente con sincronización para flash de tipo X-sync, la Canon IV Sb, apareció justamente en diciembre de 1952. Es muy probable que sea este último modelo el que aparece en la película. Estas cámaras eran copias de las Leica telemétricas para objetivos con rosca de 39 mm. Los modelos de ambas marcas eran compatibles con las cámaras de la otra marca. No alcanzo a distinguir el objetivo que lleva la cámara que Carol regala a Therese, pero será o bien un Serenar 50/1,8 o un Serenar 50/1,5. El primero tiene una fórmula óptica similar a los Planar de Carl Zeiss, mientras que el segundo sigue los principios de los Sonnar del mismo fabricante alemán. Unos años más tarde, surgieron nuevas versiones del Serenar 50/1,8 de las cuales yo tengo una ya como Canon 50/1,8 que uso con mi Leica IIIf o, con adaptador, con la Leica M2, la Leica CL o la Leica ME. Tiene una calidad bastante razonable.

Otro aspecto de interés fotográfico es que los responsables del filme se han basado en las bellas e interesantes fotografías de Saul Leiter de la época. Fotógrafo relativamente ignorado durante tiempo, su cotización ha resurgido desde unos años antes de su fallecimiento en noviembre de 2013. Precursor de la fotografía en color que empezó a practicar en 1948, sus imágenes mezclan ambientes coloridos con una cierta melancolía y, en ocasiones, juegan con la abstracción

Imágenes muy intimistas, melancólicas, muy del estilo de Leiter.

Imágenes muy intimistas, melancólicas, muy del estilo de Leiter.

Interés cinematográfico

 

Estamos ante una película que me ha parecido excelente, con unas interpretaciones de primera fila. Si Cate Blanchett ya era una actriz de sobra reconocida, Rooney Mara compone un personaje que encuentro todavía más interesante que el que da título a la película. En ningún momento me parece un papel secundario, como se podría deducir de sus candidaturas a los Oscar o a los BAFTA en la categoría de actriz de reparto. Ambas son protagonistas y se reparten presencia en la pantalla.

Muchas cosas se dicen sin palabras en esta película. La expresividad de Rooney Mara es más que notable, y digna de más reconocimiento oficial del que está teniendo en la temporada de premios.

Muchas cosas se dicen sin palabras en esta película. La expresividad de Rooney Mara es más que notable, y digna de más reconocimiento oficial del que está teniendo en la temporada de premios.

Rodada con película tradicional en Super 16, el menor tamaño de los equipamientos de este tamaño de película permite un acercamiento al personaje, un rodaje en recintos reducidos y, gracias a la mayor ampliación necesaria del fotograma en pantalla, un aspecto con más granularidad que ayuda a trasladarnos a la época en la que se sitúa la acción

Encuentro esta película altamente recomendable, y le pongo 5 estrellas: *****.

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No falta un “villano” en la película, el marido de Carol, bastante cerril… o bueno,… simplemente con la mentalidad de la época.

10.000 km (2014)

10.000 km

En las últimas semanas he estado en modo “vídeo club”. Recuperando películas españolas que en el momento de su estreno no me llamaron la atención lo suficiente como para acudir a las salas de cine, y ahora quiero comprobar a través del televisor si hice bien o mal. Tengo que recuperar mi fe en el cine español con carácter general o no. No soy muy optimista. Pero en estas que me he encontrado con esta película intimista, firmada por Carlos Marques-Marcet, y que le permitió ganar el Goya al mejor director novel. Y resulta, además, que su personaje protagonista femenino es fotógrafa. La incluiremos en la colección de CineFoto.

Al comienzo, una pareja feliz, pensando en tener un bebé; mucho más ilusionado él que ella.

Al comienzo, una pareja feliz, pensando en tener un bebé; mucho más ilusionado él que ella.

Argumento

Sergi (David Verdaguer) y Alex (de Alexandra) (Natalia Tena) son una pareja que viven juntos en Barcelona. El es profesor de música, preparando oposiciones. Ella, inglesa, tiene como afición la fotografía, aunque quiere dedicarse a ella profesionalmente. Aparentemente, les va bien como pareja, e incluso están pensando en tener un bebé. Pero Alex recibe una llamada. Le ofrecen una beca de un año para ser fotógrafa residente en una institución cultural de Los Ángeles (EE.UU.). Y tras un debate entre ambos, acepta. A partir de ahí, viene la historia. La historia de los obstáculos que tendrá que superar una pareja si quiere seguir siéndolo separados por la infranqueable barrera de los 10.000 km de distancia. Aun en los tiempos de las comunicaciones por internet.

A ella le cuesta acostumbrarse al frío y pequeño apartamento de Los Ángeles; depende de sus contactos con él para mantener el ánimo.

A ella le cuesta acostumbrarse al frío y pequeño apartamento de Los Ángeles; depende de sus contactos con él para mantener el ánimo.

Interés fotográfico

Lo dicho, el personaje de Alex es fotógrafa. De las conversaciones iniciales deducimos que se dedica a ello en su tiempo libre, mientras trabaja en lo que sea. Pero al igual que sucede con muchos fotógrafos jóvenes en nuestro país, si quiere progresar como profesional, especialmente si quiere alcanzar cierto nivel en el ámbito de la fotografía artística, tiene que irse al extranjero. Si analizamos la situación de muchos nombres que ahora despuntan como fotógrafos jóvenes españoles, esto no es raro.

El primer atisbo de que está trabajando e ilusionada con su trabajo; digitalizando negativos con el Silverfast mientras conversa con él.

El primer atisbo de que está trabajando e ilusionada con su trabajo; digitalizando negativos con el Silverfast mientras conversa con él.

Vemos poco trabajar a Alex. Sabemos que su inquietud está en el paisaje urbano y el paisaje alterado por el hombre. La oímos hablar de Stephen Shore. Oímos como nos cuenta su peregrinación a la famosa gasolinera Chevron que el fotógrafo norteamericano inmortalizó en Los Ángeles de la serie Uncommon Places. La vemos escanear negativos. De gran formato. Es el primer indicio que nos dan, ya bastante avanzada la película del tipo de fotografía que practica. No la vemos colgando perpetuamente con cámaras fotográficas.

Colocando el objeto a fotografiar sobre el miniestudio casero. Muy simbólico que sea la webcam.

Colocando el objeto a fotografiar sobre el miniestudio casero. Muy simbólico que sea la webcam.

Finalmente la vemos trabajar. En un pequeño estand para la fotografía de producto en su apartamento. Con una cámara técnica de gran formato. Con negativos de 4 x 5″. Componiendo y enfocando pacientemente bajo la tela negra sobre el vidrio esmerilado de la cámara, hasta que llega el momento de insertar el chasis con el negativo y disparar con el cable acoplado al obturador del objetivo. Toda una liturgia.

Colocando el chasis con la película antes de disparar la foto sobre la cámara técnica de gran formato, cuyo modelo no puedo identificar.

Colocando el chasis con la película antes de disparar la foto sobre la cámara técnica de gran formato, cuyo modelo no puedo identificar.

Interés cinematográfico

He de decir que me ha parecido una película que tiene su interés. Creo que la puesta en escena está bastante bien, con unos escenarios mínimos, básicamente los apartamentos donde se encuentran ambos protagonistas. Creo que es interesante ver la evolución de los dos personajes. Cómo evolucionan en sentidos opuestos; de la vida al decaimiento, él, de la melancolía a la luz, ella. No obstante, a pesar de su ajustada duración, 99 minutos, no hay mucho que contar. Las posibilidades de interacción a distancia son limitadas, si no se nos cuenta mucho más de su vida fuera de sus apartamentos, salvo ciertas insinuaciones o informaciones indirectas. Eso produce algún que otro bajón el filme.

Con el tiempo, ella se muestra más feliz, más sonriente a pesar de la separación. Y el frío apartamento tiene la señales en sus paredes de su abundante actividad.

Con el tiempo, ella se muestra más feliz, más sonriente a pesar de la separación. Y el frío apartamento tiene la señales en sus paredes de su abundante actividad.

Tiene de bueno que deja a criterio del espectador interpretar algunas de las situaciones, dar un significado u otro a algunas cosas que pasan o se insinúan. Y el final, aunque intenso, queda abierto. Me gustan los finales abiertos. Aunque el de esta película sufre de un puntito de más en lo que a imprecisión. Una cuestión es un final abierto y otra cuestión es que no tengas claro si el director sabía cómo terminar. A favor de la película, en cualquier caso, está el solvente trabajo de ambos intérpretes. A mí me gusta especialmente ella en algunos momentos. Pero ambos están bien.

Yo le pondría un aprobado holgado, como mínimo de tres estrellas: ***.

Tras muchas dificultades, volverá el reencuentro... pero sobre la naturaleza del mismo, nada contaré. Si  queréis saber, habréis de ver el filme.

Tras muchas dificultades, volverá el reencuentro… pero sobre la naturaleza del mismo, nada contaré. Si queréis saber, habréis de ver el filme.

Noche de vino y copas (2011)

SuperClásico

Para empezar, la esquizofrenia que supone que una película danesa cuyo título ¡¡¡está en castellano!!!, cuando llega a nuestras pantallas, con considerable retraso, tenga otro título en castellano distinto. Para continuar, esta película en su versión original está hablada entre tres idiomas: danés, inglés y español porteño. Siendo una comedia, conviene conservar los cambios de idiomas. Así que hay que ver la en versión original. En cualquier caso, en los últimos años han aparecido por cartelera algunas películas del país nórdico que confrontaban de una forma u otra las diferencias culturales entre su cultura y la de los países de cultura latina o mediterránea, de forma inteligente, como autocrítica o como reflexión sobre lo bueno y lo malo de la especie humana. Motivo por el cual decidimos dar una oportunidad a este filme de Ole Christian Madsen. Y además, tiene motivos para estar incluida en esta colección sobre la fotografía en el cine. Ya lo veréis.

El encuentro entre el futbolista y padre e hijo es realmente impactante. Creo que no hace falta que lo describa.

El encuentro entre el futbolista y padre e hijo es realmente impactante. Creo que no hace falta que lo describa.

Argumento

El superclásico al que hace referencia el título original es un acontecimiento futbolístico. Denominan así los argentinos a los enfrentamientos entre River Plate y el Boca Juniors, partidos que despiertan pasiones. La historia va de un vinatero danés, Christian (Anders W. Berthelsen), que fue abandonado por su esposa Anna (Paprika Steen), una antigua futbolista internacional danesa, que ahora se ha metido al negocio de la representación de jugadores. Y se ha hecho representante y amante de Juan Díaz (Sebastián Estevanez), un crack argentino que juega en uno de los dos equipos y que quiere traspasar a un equipo brasileño por una cuantiosa suma, y con quien se quiere casar. Christian quiere recuperar a Anna, y para ello busca la excusa de llevar en persona a Buenos Aires los papeles del divorcio para su firma. Y se lleva con él al hijo de la pareja, Oscar (Jamie Morton). Y llegan justo cuando se va a celebrar el superclásico. Y la cosa no va a ser fácil para Christian puesto que, al complejo triángulo ya formado, se sumarán las diferencias culturales, Fernanda (Adriana Mascialino), una mucama mayor pero sabia y desinhibida, y una jovencita de diecisiete años, Verónica (Dafne Schiling), que impactará en el hijo adolescente. Aunque no será lo único que impacte contra él.

Como siempre, un triángulo rectángulo: los dos catetos, el danés y el argentino, flanqueando a la rubia hipotenusa.

Como siempre, un triángulo rectángulo: los dos catetos, el danés y el argentino, flanqueando a la rubia hipotenusa.

Interés fotográfico

La fotografía digital ha popularizado este medio de expresión artística y de documentación de la realidad entre muchas personas. Muchas más de lo que la practicaban en los tiempos de la tecnología fotoquímica. Y ha impactado especialmente entre la gente más joven. Adolescentes o veinteañeros, más allá de la utilización intesiva que puedan hacer de las cámaras integradas en los teléfonos móviles, se interesan en muchas ocasiones por cámaras de más entidad con las que expresarse o documentar su realidad. Quizá sin buscar siempre un interés artístico, aunque si con una mirada fresca que también puede ser fácilmente influenciable por las modas. Oscar es uno de los adolescentes que adopta la cámara fotográfica como una extensión de sí mismo. Un réflex digital sencilla, de entrada de gama, una Canon EOS de bajo precio, de las que se declinan cada pocos meses en modelos todos muy semejantes entre sí, más por estrategia comercial que por las innovaciones que traen. Pero que por su precio asequible, con el objetivo zoom con el que vienen en kit, se venden relativamente bien entre estos grupos de edad.

Oscar con su cámara, documentando todo lo que le llama la atención en Buenos Aires, una ciudad que a un chico danés le puede llegar a parecer marciana.

Oscar con su cámara, documentando todo lo que le llama la atención en Buenos Aires, una ciudad que a un chico danés le puede llegar a parecer marciana.

En la película vemos utilizar a Oscar su cámara con profusión. Lo fotografía todo. Casi compulsivamente. Hasta cierto punto. Hasta que encuentra lo que realmente le interesa en su vida. Que casualmente tiene una sonrisa radiante, un bonito pelo rubio, y unas bonitas piernas que luce bajo su corta pollera. Porteñamente hablando. He conocido en la vida real algún caso comparable.

Una de las múltiples discusiones del todavía matrimonio. Oscar a desaparecio, encandilado por Verónica, guía en el porteño cementerio de La Recoleta.

Una de las múltiples discusiones del todavía matrimonio. Oscar a desaparecio, encandilado por Verónica, guía en el porteño cementerio de La Recoleta.

Interés cinematográfico

Esta es una película irregular. El planteamiento es curioso y creo que se podían haber sacado buenas cosas de él. Y de hecho tiene sus momentos divertidos, y algún que otro logro en alguna de las situaciones. Bien es verdad, que buena parte del desarrollo y el desenlace de la película están cantados casi desde el principio; pocas sorpresas nos ofrece el filme. Que también se ve lastrado porque en la primera parte del filme, recorre todos los tópicos sobre los argentinos, de forma muy superficial, en un ejercicio de escasa imaginación y sutileza. No obstante, la película se va salvando por las interpretaciones de sus principales protagonistas, que sin estar a un nivel elevado, cumplen con el cometido. Por cierto, los que como yo aborrezcan el fútbol, que no se preocupen. Su lugar en el filme es puramente anecdótico. No va de fútbol.

Comedia irregular por lo tanto, algo desaprovechada pero que se deja ver, y que en esta ocasión no deja tan alto como en otras ocasiones el punto de vista y el humor de los presuntamente sosos nórdicos.

Valoración:

  • Valoración subjetiva: **/***.
Algunos de los momentos más divertidos del filme están en las interacciones de Christian con los más castizos porteños. Cogiéndose unos pedales impresionantes a base de caldos procedentes de la malbec argentina. Por cierto, amiguitos, cuidado con decir "cogiéndose" en aquellos lares. Aquí vale que en España es una palabra inocente, pero allí...

Algunos de los momentos más divertidos del filme están en las interacciones de Christian con los más castizos porteños. Cogiéndose unos pedales impresionantes a base de caldos procedentes de la malbec argentina. Por cierto, amiguitos, cuidado con decir “cogiéndose” en aquellos lares. Aquí vale que en España es una palabra inocente, pero allí…

Una cara con ángel (1957)

Funny Face

Hace unos días encontraba en internet la fotografía de una mujer realmente muy guapa que posaba ajustando entre sus manos un Leica III. Según encontré en las páginas de Thorsten Overgaard dedicadas a la historia de Leica, se trata de la modelo actriz y fotógrafa Suzy Parker, la fotografía está tomada en Nueva York en 1953, por lo que el modelo podría ser una IIIf, y el fotógrafo que tomó la fotografía fue Peter Stackpole, fotógrafo que trabajó para la revista Life que tiene los derechos sobre la mencionada fotografía, que voy a reproducir a continuación con fines exclusivamente documentales. Espero que los abogados de Life/Time no consideren que esto atenta contra sus intereses económicos y se enfade por ello.

Suzy Parker posando con su bonita Leica III. Realmente guapa la modelo. Y ya con la Leica entre las manos, la fotografía es casi pornográfica.

Suzy Parker posando con su bonita Leica III. Realmente guapa la modelo. Y ya con la Leica entre las manos, la fotografía es casi pornográfica.

El caso es que leyendo algo más sobre esta modelo, actriz y fotógrafa, resulta que fue una de las inspiraciones para una de las películas musicales más conocidas de Audrey Hepburn, acompañada de Fred Astaire y bajo la dirección de Stanley Donen. Luego cuento más sobre las inspiraciones de esta película. Vamos a con la reseña.

Creo que esta fotografía de los títulos de créditos corresponde a Parker.

Creo que esta fotografía de los títulos de créditos corresponde a Parker.

Como vemos en los títulos de crédito, Suzy Parker también está en el reparto del filme, junto con otras modelos de la época.

Como vemos en los títulos de crédito, Suzy Parker también está en el reparto del filme, junto con otras modelos de la época.

Lo que es seguro es que este fotograma de un de los primeros números musicales de la película sí que es Suzy Parker.

Lo que es seguro es que este fotograma de un de los primeros números musicales de la película sí que es Suzy Parker.

Y esta, también.

Y esta, también.

Argumento

Jo (Hepburn) es una modesta dependienta de una librería de Nueva York, preocupada por las corrientes filosóficas de moda en aquellos años de la posguerra mundial. Pero un día, tras ser invadida la librería por el equipo de producción de fotografías de una revista de moda, es descubierta por Dick Avery (Astaire), que ve en su cara especial el potencial para hacer de ella una gran modelo. Aunque la joven se muestra reticente, al final se deja convencer por el espabilado fotógrafo, y empiezan una aventura en el París de los existencialistas, donde inevitablemente surgirá el romance.

Un Fred Astaire, que supongo que iría doblado por el peso de las Rolleiflexes, se encuentra por primera vez con la modosita dependienta de librería de vanguardia.

Un Fred Astaire, que supongo que iría doblado por el peso de las Rolleiflexes, se encuentra por primera vez con la modosita dependienta de librería de vanguardia.

Comparamos fotogramas en la mesa de luz; alguno de estos también es un retrato de Suzy Parker.

Comparamos fotogramas en la mesa de luz; alguno de estos también es un retrato de Suzy Parker.

Pero parece que lo que llama la atención del fotógrafo es el gesto que muestra en las fotografías de la librería.

Pero parece que lo que llama la atención del fotógrafo es el gesto que muestra en las fotografías de la librería.

Y finalmente, a la roja luz del cuarto oscuro, convence a la joven de que inicie su carrera de modelo.

Y finalmente, a la roja luz del cuarto oscuro, convence a la joven de que inicie su carrera de modelo.

Interés fotográfico

Evidentemente, estamos inmersos en el mundo de la fotografía de moda de los años 50, un mundo distinto del actual, donde el papel de las modelos era más el de ser maniquíes vivientes de las firmas de alta costura. Sin embargo, algunas cosas estaban cambiando. Y si la revolución se producirá de forma más amplia durante los años 60, ya algunos fotógrafos muestran a las modelos en poses y actitudes mucho más dinámica y resueltas. Uno de esos fotógrafos fue Richard Avedon, uno de los grandes de la historia de la fotografía, y que inspira al protagonista masculino de la película, que toma el muy similar nombre de Richard “Dick” Avery. La propia Suzy Parker, que de alguna forma es fuente de inspiración para el personaje que interpreta Audrey Hepburn, fue una modelo habitual de Avedon, y parece que llegó a plantearse una participación más protagonista en la película. Existe alguna fotografía de Avedon con Parker como modelo que inspirarían algunas situaciones de la película. Reproduciré una también con ánimo meramente documental, esperando que no se enfaden los poseedores de los derechos de la misma, ya que esta reseña no tiene ningún interés comercial.

Suzy Parker con Robin Tattersall, Place de la Concorde, Paris, agosto de 1956, un año antes del estreno de la película. Fotografía de Richard Avedon.

Suzy Parker con Robin Tattersall, Place de la Concorde, Paris, agosto de 1956, un año antes del estreno de la película. Fotografía de Richard Avedon.

Evidentemente, esta película es una comedia romántica en forma de musical o película con canciones, que nunca se sabe muy bien como definir a este tipo de películas. Así que no podemos esperar una gran fidelidad a la forma de trabajar de los fotógrafos de moda de la época. No obstante, Avedon actúo como asesor de la película, y las fotografías que vemos en los títulos de crédito de la película son del famoso fotógrafo. O sea, que no veas.

Para los amantes de los cacharros fotográficos, fundamentalmente vemos dos tipos de cámaras. Por un lado diversas cámaras de banco de gran formato, tanto grandotas para su uso en estudio, como más pequeñas para su uso en exteriores. Y en numerosas ocasiones, Avery aparece portando al cuello una o varias Rolleiflex binoculares, la que probablemente era la cámara potable más popular entre los fotógrafos de la época, por su tamaño relativamente “compacto” como por la calidad de sus fotogramas de 6 x 6 cms. El formato de 24 x36 mm era considerado como excesivamente pequeño y no adecuado para la calidad requerida en la fotografía de moda. Algo que cambiaría más adelante.

Aquí vemos en acción al fotógrafo y sus ayudantes con una cámara de gran formato.

Aquí vemos en acción al fotógrafo y sus ayudantes con una cámara de gran formato.

Mientras que en el momento de tomar una imagen inspirada en Ana Karenina vemos la misma cámara de gran formato, pero también a una "pequeña" Rolleiflex, que parece que es la cámara que está usando el fotógrafo en ese momento.

Mientras que en el momento de tomar una imagen inspirada en Ana Karenina vemos la misma cámara de gran formato, pero también a una “pequeña” Rolleiflex, que parece que es la cámara que está usando el fotógrafo en ese momento.

Interés cinematográfico

Estamos ante un producto típico de  Stanley Donen que buscaba sacar partido a la popularidad que la joven Hepburn había obtenido unos años, yéndose de vacaciones por Roma. Y estamos también ante uno los coletazos de los grandes musicales de Hollywood, un género que poco a poco iría perdiendo tirón, aunque en los últimos tiempos haya experimentado un cierto repunte. La verdad es que sólo el carisma de los personajes y la suspensión temporal de la incredulidad en la que entramos al sentarnos ante la pantalla de cine hace creíble el romance entre los dos protagonistas que se llevan treinta años de diferencia. Estamos ante un Astaire que tiene 57 o 58 años como pareja romántica de una Hepburn que ya está en los 27 o 28 años, pero que aparenta menos. A pesar de la excelente música de GeorgeIra Gershwin, especialmente su famoso ‘S Wonderful. Hay cuatro canciones del musical del mismo nombre que la película que en los años 20 del siglo XX, cuando la Hepburn no había nacido todavía, protagonizó el propio Astaire aunque con un argumento totalmente distinto. Así que música reciclada. En cualquier caso, está bien rodada y es agradable de ver. Yo le pongo 3 estrellas: ***.

No se pueden negar ciertas similitudes en la trama con la posterior "My Fair Lady"; pero es claramente inferior. En cualquier caso, a mí me cuesta tragarme el romance entre los dos protagonistas.

No se pueden negar ciertas similitudes en la trama con la posterior “My Fair Lady”; pero es claramente inferior. En cualquier caso, a mí me cuesta tragarme el romance entre los dos protagonistas.

La película es un producto eminentemente comercial, rodado a mayor gloria de la Hepburn, aprovechando el tirón que tenía en esos momentos en las pantallas.

La película es un producto eminentemente comercial, rodado a mayor gloria de la Hepburn, aprovechando el tirón que tenía en esos momentos en las pantallas.

Demasiado breve la presencia del ferrocarril como para justificar su inclusión en mi colección de películas de temática ferroviaria. Pero tenemos una vista de esta 232, una locomotora para trenes rápidos de pasajeros con el emblema del "Fleche d'Or", tren prestigioso que conectaba París con Calais, para luego tener continuación entre Dover y Londres con el "Golden Arrow".

Demasiado breve la presencia del ferrocarril como para justificar su inclusión en mi colección de películas de temática ferroviaria. Pero tenemos una vista de esta 232, una locomotora para trenes rápidos de pasajeros con el emblema del “Fleche d’Or”, tren prestigioso que conectaba París con Calais, para luego tener continuación entre Dover y Londres con el “Golden Arrow”.

High Art (1998)

High Art

De esta película no tenía referencia alguna hasta que hace unos días apareció reseñada en CSC Magazine. Y así, a partir de esa recomendación me la he merendado, y tras una digestión un poco más dura de lo que yo pensaba, puedo hablar un poquito del que fue el primer largometraje de Lisa Cholodenko.

Aunque la que chupa más cámara es la editora, el personaje clave e interesante es el de Lucy Berliner, la fotógrafa; mujer compleja y con muchas capas, insuficientemente desarrolladas, en mi opinión.

Aunque la que chupa más cámara es la editora, el personaje clave e interesante es el de Lucy Berliner, la fotógrafa; mujer compleja y con muchas capas, insuficientemente desarrolladas, en mi opinión.

El mundo de la fotógrafa y su amante la actriz en la alemana, en la fotografía interpretada por la actriz Patricia Clarkson, es un mundo complejo marcado por las drogas.

El mundo de la fotógrafa y su amante la actriz en la alemana, en la fotografía interpretada por la actriz Patricia Clarkson, es un mundo complejo marcado por las drogas.

Argumento

Syd (Radha Mitchell) es una joven editora ayudante en una revista de fotografía llamada Frame. Vive con su novio James (Gabriel Mann) en Nueva York, y un día, por un accidente doméstico se introducirá en el mundo de sus vecinos del piso de arriba. Allí vive una fotógrafa, Lucy Berliner (Ally Sheedy), que lleva unos cuantos años retirada del trabajo público. Vive con su amante, Greta (Patricia Clarkson), una actriz alemana, y por allí pasan unos cuantos amigos, con los que participan en una eterna fiesta de drogas y, eventualmente, sexo. Syd se verá atraída por las fotografías de Lucy, e intentará convencerla, así como a sus editores jefes, de que vuelva a mostrar su trabajo, y que lo haga en la revista para la que trabaja. Pero esto no será gratis para ninguna de las dos. Ambas comenzarán una compleja relación, en la que se volverán amantes, al mismo tiempo que confrontarán sus distintos intereses en el mundo del arte fotográfico.

Una escapada al campo servirá para definir de alguna forma la relación entre la joven editora y la fotógrafa.

Una escapada al campo servirá para definir de alguna forma la relación entre la joven editora y la fotógrafa.

Interés fotográfico

Lo decía el artículo que he citado de CSC Magazine, pero creo que yo solico también lo hubiera deducido. La fotógrafa protagonista está creada inspirada por la fotógrafa Nan Goldin, cuya fotografía documental incluye un elemento clave, y es que ella era tan partícipe como sus motivos de los acontecimientos en los que estaban involucrados. Las fotografías que toma también están inspiradas en las de Goldin. Luz ambiente, a mano alzada, despreocupadas de la nitidez absoluta. En el apartado de chismes fotográficos, no hay mucho que contar, aunque sí interesante, por lo menos para mí. Lucy utiliza para su trabajo exclusivamente lo que claramente es una Leica M2, igual a la que recientemente he adquirido yo. Aunque no se ve con claridad, la forma que tiene de fotografiar sugiere que el objetivo que calza es algún 35 mm, pero no lo puedo asegurar.

Aquí vemos a la protagonista empuñando su Leica M2 para retratar a la que va a ser su nueva amante.

Aquí vemos a la protagonista empuñando su Leica M2 para retratar a la que va a ser su nueva amante.

Una de las fotografías tomadas en ese instante.

Una de las fotografías tomadas en ese instante.

 

Interés cinematográfico

Cholodenko es una directora muy preocupada por los temas homosexuales, y con este su primer largometraje muestra este hecho, una constante en su carrera. Sin embargo, desde mi punto de vista, la película no está del todo conseguida. No profundiza realmente en ninguno de los temas que trata. Ni el de las drogas, ni el de la homosexualidad, ni el de la hipocresías del mundo del arte. Creo que Mitchell es una actriz flojita, y sin embargo es la que chupa más cámara en la película, robándonos numerosas posibles situaciones más interesantes de la relación entre la fotógrafa y la actriz, entre SheedyClarkson, ambas mucho más inspiradas interpretando sus respectivos personajes. También tiene la historia algunas flojedades de guion, y algunas situaciones excesivamente tópicas. La superficialidad de los dos editores jefes de la revista es casi caricaturesca. Pero bueno, se deja ver sin mucho problema, salvo para mentes estrechas en el tema de la homosexualidad.

Yo a esta película le pongo entre dos y tres estrellas: **/***.

Fotógrafa y editora se convertirán en amantes, y la relación se convertirá también en tema para las fotografías de Berliner. Algo que Syd no acabará de comprender hasta que sea tarde.

Fotógrafa y editora se convertirán en amantes, y la relación se convertirá también en tema para las fotografías de Berliner. Algo que Syd no acabará de comprender hasta que sea tarde.

La piel suave (1964)

La peau douce (1964)

Hace unos años, una noche de verano mientras nos tomábamos unos chismes después de cenar, surgía una conversación muy divertida sobre la geometría de los romances. Y por supuesto hablábamos de los triángulos. Y básicamente reconocíamos dos tipos fundamentales, los rectángulos sometidos pitagóricamente a las relaciones de dos catetos con una misma hipotenusa, y los obtusángulos en los que un tipo era suficientemente obtuso para liarse con dos mujeres al mismo tiempo. Si además tenemos en cuenta que el obtuso tiene una cámara de fotos, y que estas las carga el diablo, el drama o la tragedia están servidos. Como nos lo muestra de forma excelente François Truffaut en este filme de mediados de los años sesenta, donde además tenemos el placer de ver el trabajo de la guapa y malograda hermana de Catherine DeneuveFrançoise Dorléac, fallecida en plena juventud pocos años después.

Los dos amantes se conocen y pasean por las calles de Lisboa.

Argumento

Pierre Lachenay (Jean Desailly) es un intelectual parisino que es invitado con frecuencia a impartir conferencias por el país y por el extranjero. En un viaje a Lisboa conoce a Nicole (Dorléac), una joven y guapa azafata, con la que intima y acaba acostándose en el hotel lisboeta. Tras su regreso a París sigue viendo a la guapa Nicole, mientras su relación con su esposa Franca (Nelly Benedetti) comienza a deteriorarse. Como consecuencia de una desastrosa escapada a Reims para otra conferencia, en la que se lleva a Nicole, acaban pasando un par de días en el campo. Pero al regresar a la capital, la esposa de Lachenay ha hecho indagaciones y sospecha la infidelidad del marido que acaba por dejar el domicilio conyugal. Propone matrimonio a la azafata que no tiene las ideas tan claras. Mientras, la esposa encuentra el resguardo de unas fotografías del marido que va a recoger, y donde ve la imagen de la azafata durante la escapada campestre. Y esto puede desencadenar consecuencias trágicas.

Una simple bandeja en la puerta de un bungalow nos puede hablar de las muchas cosas que están pasando en su interior.

Interés fotográfico

El desencadenante del final de la película está en dos escenas relacionadas con la fotografía. En la primera, asistimos al que probablemente es el momento de mayor felicidad entre la pareja adúltera, cuando tras el desastre de Reims se alojan en unos bungalows en el campo. Él decide tomar unas fotografías de ella. Con una Rolleiflex binocular, un aparato frecuente en aquella época especialmente entre la burguesía, toma las correspondientes 12 imágenes que entran en un carrete de formato 120. Cuando la esposa encuentra el resguardo del laboratorio y recoge las fotografías, la catástrofe está servida. Es curioso observar como se entregaban las imágenes. En hojas de papel de aproximadamente el tamaño de una postal, la imagen cuadrada se situaba en un extremo del rectángulo de papel, dejando un margen que era muy amplio en la parte inferior, permitiendo las anotaciones en esa posición.

Las cámaras, aunque sean tan estupendas como esta Rolleiflex, las carga el diablo… cuidadito…

Interés cinematográfico

Nos encontramos con una François Truffaut ya maduro como director, con una atención al detalle exquisita, dando mucha información mediante el uso de la cámara que se va fijando en pequeños detalles del entorno o gestos de los protagonistas, ahorrándose toneladas de diálogos realmente superfluos si el director es capaz de dominar el lenguaje cinematográfico, como hacía el maestro francés. Unos zapatos en las puertas de las habitaciones de un hotel, dan mucha información sobre lo que piensa una persona. Una bandeja de desayuno que es dejada en la puerta de un bungalow nos puede hablar de una relación sexual, un determinado movimiento de cabeza, una mujer paseando en un vestíbulo,… ¡cuánto no deberían aprender los directores actuales, tan verborreicos y tan dados a la pirotecnia! Cada vez me gusta más el cine de Truffaut. Por otro lado, la presencia de Françoise Dorléac me parece de destacar. Hermana mayor, poco más de un año le llevaba, de Catherine Deneuve, era una actriz sumamente prometedoras que actúo en un buen número de filmes en los siete años que estuvo en activo. Algunos de ellos con directores como el mencionado Truffaut, o Roman Polanski entre otros. Hay quien afirma que era mejor actriz que su hermana. Que no está mal.

Desde luego esta película me ha interesado y me ha gustado mucho, y le pongo 4 estrellas: ****.

Si quieres, puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

La malograda Françoise Dorléac como la guapa azafata Nicole.

La belle personne (2008)

La belle personne (2008)

Cuando el fin de semana pasado fuimos a ver en el cine Los adiós a la reina (Adieux à la reine), no pudimos evitar quedarnos prendados hasta cierto punto de la chica protagonista, Léa Seydoux. Guapa, pero no artificial. Sólida interpretativamente. Con ese algo indefinido que llamamos encanto que va más allá de ser más o menos mona. Y siendo francesa, “chic”. Muy “chic”. Yo sólo la recordaba haber visto en un pequeño papelito, aunque trascendente, en la reciente aventura francesa de Woody AllenMidnight in Paris. Y revisando su filmografía parece confirmarse que es así, que no la he visto en ninguna otra producción, salvo el breve papel que hizo para una de Tarantino. Así que me he puesto a buscar, y lo cierto es que sus películas francesas no han llegado a nuestro país. He conseguido una copia de la que hoy os presento aquí, que tiene un par o tres de escenas a propósito de una fotografía y como es tomada, y me han parecido excusa suficiente para incluirla en esta colección de La fotografía en el cine.

Junie posa para la fotografía que da lugar al enredo de la película.

Sinopsis

La película dirigida por Christophe Honoré es una traslación a un instituto parisino actual del clásico de la literatura francesa La princesa de Clèves. A primera vista, pareciera la típica historia de amores pitagóricos, aquellos que involucran a dos catetos enamorados de la misma hipotenusa. Pero creo que la historia tiene un poquito más de miga que la de los amoríos de instituto. Junie (Léa Seydoux) es una chica de dieciséis años que tras la muerte de su madre se traslada a París a vivir con sus tíos, y comienza a mitad de curso a recibir clases en el instituto al que asiste su primo Matthias (Esteban Carvajal-Alegria). Guapa, callada, melancólica, lo cual es atribuido a su pérdida familiar, pronto empieza a ser un imán para sus compañeros masculinos. Hasta que se decide por el discreto Otto (Grégoire Leprince-Ringuet), quizá el más discreto y menos llamativo del grupo. Su profesor de italiano, Nemours (Louis Garrel), es un guaperas con éxito tanto con alguna de sus compañeras docentes como con alguna alumna, compaginando ambas relaciones, muy superficiales. Pero en la primera clase de Junie con el joven profesor, la lectura de un poema provoca una reacción de tristeza en la alumna, que abandona la clase. Nemours recoge el cuaderno de la chica, donde encuentra una fotografía de la chica tomada por un compañero para un proyecto del instituto. No tardarán en darse cuenta que ambos se sienten atraídos. Incluso el profesor dejará sus otras conquistas. Pero la chica se impone un distanciamiento, y permanece fiel a Otto.

Nemours da clase de italiano en el instituto, vigilando atentamente a la guapa y misteriosa Junie.

El inestable equilibrio se rompe cuando aparece una carta de amor sin firmar, que es atribuida sin motivo a la pareja, cuando en realidad tiene que ver con Matthias y otro alumno. Sin embargo, a partir de ese momento, el drama está servido.

Interés fotográfico

Es breve. Algo cogido por los pelos. Pero me sirve para comentar algunas tendencias actuales en fotografía. En las primeras escenas de la película, cuando la joven Junie se está integrando en el instituto con sus compañeros, participa en un proyecto que está llevando a cabo uno de ellos que está fotografiando a todos ellos, para luego colgar sus retratos entre las estanterías de la biblioteca. Son retratos que buscan ir más allá del mero retrato de anuario escolar. La copia que entrega a la chica es la que queda entre las hojas de su cuaderno cuando abandona la clase de italiano, y es la fotografía que desencadena los sentimientos del profesor hacia la joven.

Curiosamente, la fotografía no está tomada con una moderna cámara digital, sino con una veterana Rolleiflex binocular montada sobre un sólido trípode. No puedo reconocer con precisión el modelo, pero por lo que sobresalen los objetivos, podría tratarse de una Tele Rolleiflex 135mm f/4, cámara más especializada en retratos dentro de esta gama y que se vio menos.

La probable Tele Rolleiflex 135/4 en acción en manos de un alumno interesado en la fotografía.

Interés cinematográfico

Como ya he comentado, en un principio pareciera que estamos ante un enredo triangular de instituto. Pero creo que me he encontrado con algo más. Además de los elementos románticos, estamos en el universo de un instituto que de alguna forma, al igual que en la novela en la que se basa se describía la sociedad de la corte y la Francia de la época de Enrique II (siglo XVI), pretende ser un reflejo de la sociedad francesa actual. Quizá no desde las perspectivas del cine social francés que tanto ha trascendido últimamente, especialmente reverenciando los colegios e institutos de los barrios más conflictivos. Aquí no. Estamos en la Francia más estable y burguesa, pero con sus dimos y diretes, sus hipocresías, sus infidelidades. No es una película perfecta pero sí curiosa de ver. Y de alguna forma sirvió de descubrimiento de la actriz protagonista, que es la que me ha llevado a ver el filme.

Es una película que tiene su interés, y hay que ponerle 3 estrellas: ***.

Indudablemente, su actriz protagonista, Léa Seydoux, es uno de los principales activos del filme.