Archivo de la categoría: Suspense

El fotógrafo del pánico (1960)

Peeping Tom

Recomendación que me llega a través de CSC Magazine, blog dedicado a las cámaras compactas de objetivos intercambiables que ha comenzado una serie de artículos dedicados a la representación del mundo de la fotografía en el cine. Más o menos como este. Aunque llevo unas cuantas entradas de ventaja. Probablemente serán más exigentes que yo a la hora de decidir qué película entra y cuál no en su lista. En cualquier caso, me he encontrado con una interesante película de suspense y un poquito de terror, británica, dirigida por Michael Powell.

Una de las víctimas vistas a través del visor de la cámara tomavistas.

Una de las víctimas vistas a través del visor de la cámara tomavistas.

Argumento

Mark Lewis (Karlheinz Böhm) es un camarógrafo de cine, que para sacarse unos extras también ejerce de fotógrafo fijo para un distribuidor de fotografías eróticas. Al principio de la película ya sabemos que asalta a mujeres, la primera víctima que vemos es una prostituta, a las que asesina mientras las filma con un tomavistas portátil. Y la tensión vendrá cuando lleguen como nuevos vecinos una nueva familia formada por una mujer y su hija, una animada joven llamada Helen (Anna Massey), que ofrecerá su amistad al solitario Mark.

La cándida y agradable nueva vecina será determinante en la evolución del protagonista.

La cándida y agradable nueva vecina será determinante en la evolución del protagonista.

Interés fotográfico

Lo cierto es que la mayor parte del tiempo, el protagonista ejerce como camarógrafo, que aspira algún día a ser director de cine. Que maneja una gran cámara cinematográfica en las producciones para las que trabaja y una pequeña cámara tomavistas, aunque de buen nivel, con tres objetivos montados en revolver, para su macabra “afición”.

Bonita cámara de filmar portatil, con sus tres objetivos montados en revólver.

Bonita cámara de filmar portatil, con sus tres objetivos montados en revólver.

En cualquier caso, tenemos su faceta como fotógrafo de fotografías eróticas, que justifica su inclusión en esta colección. Hay lo vemos utilizando una gran cámara de gran formato en un cuarto preparado con toda la parafernalia para los desnudos de sus modelos. Fotografías que se venderán en la tienda sobre la que se encuentra el estudio. Aunque sometida a diversas prohibiciones en sus inicios, hasta que progresivamente se fueron levantando en distintas partes del mundo, la fotografía con motivos eróticos o pornográficos, dirigida al consumo generalmente de hombres más o menos calenturientos, es casi tan antigua como la misma técnica fotográfica. O por lo menos, desde el momento en que esta permitió la factibilidad de estas técnicas. Este es un estilo de fotografía que como cualquier otro, tiene también ejemplos de buen hacer que merecen la pena su conocimiento y estudio. Aunque ahora sobreabunde en el mundo de internet donde cualquiera puede con pocos medios hacer y difundir este tipo de material. En general de calidad baja. Pero siempre hay excepciones.

La candidez de Helen, la vecinita, contrasta con el descaro de las modelos para las fotografías eróticas.

La candidez de Helen, la vecinita, contrasta con el descaro de las modelos para las fotografías eróticas.

Interés cinematográfico

Pues me he llevado una sorpresa. Agradable. Evidentemente, la capacidad de los británicos para hacer buen cine viene de viejo, aunque no siempre haya sido igualmente reconocido. La dirección creo que está muy inspirada, y la interpretación tampoco está mal. Como curiosidad, tiene una intensa escena la actriz y bailarina Moira Shearer, que protagonizó Las zapatillas rojas, película que pertenece a mi otra colección cinematográfica, la dedicada al ferrocarril. También dirigida por Powell. En general, no me extraña que este atípico filme, aunque se le reconocen influencias de Hitchcock, esté elevado al estatus de película de culto. Yo me atrevo a recomendarla poniéndole 3 estrellas.

Nota: El título de la película en inglés es el apelativo que se aplica en el mundo anglosajón a los mirones. Procede de un personaje de la leyenda de Lady Godiva, un sastre de Coventry, el único que se asomaría a ver el paso de la noble dama desnuda. Peeping Tom significa literalmente Tom el mirón.

La naturaleza de algunas imágenes hizo que la película fuera controvertida y, según algunas fuentes, contribuyera al declive del director.

La naturaleza de algunas imágenes hizo que la película fuera controvertida y, según algunas fuentes, contribuyera al declive del director.

Retratos de una obsesión (2002)

One hour photo

Esta película fui consciente en su momento que tenía tema fotográfico. No creo que entonces hubiera empezado a recopilar esta colección de películas sobre la fotografía en el cine, pero siempre la he tenido en mente. Pero nunca he tenido claro si me iba a gustar, y me he resistido a verla. El caso es que he decidido que peores películas probablemente he incluido en esta colección simplemente por el hecho de que tenían relación con la fotografía, así que he dado un vistazo a esta película firmada por Mark Romanek.

Una advertencia. En España, el título traducido es casi coincidente, varían en una letra, la s del plural de retratos, con el de otra película que se ha comentado en esta colección, Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus. En ninguno de los casos el título en castellano es una traducción, ni siquiera aproximada, del original.

Este cachivache es una primitiva cámara digital usada por la policía para fichar delincuentes. Desde el principio sabemos que algún tipo de crimen va a pasar

Un recuerdo del pasado, una de las Nikon Proneas que usaron el fallido formato de película APS. No aportó nunca ninguna ventaja de calidad real sobre el 135, y fue enseguida desbancado por completo por lo digital.

Manejando pulcramente las tiras de negativos en el minilab.

Argumento

Nina (Connie Nielsen)Will (Michael Vartan) y su hijo Jakob Yorkin (Dylan Smith) son una familia aparentemente perfecta. Tienen un buen nivel de vida, tienen una buena casa, celebran sus fiestas familiares, y llevan sus carretes de fotografías a revelar como muchas otras familias al minilab de revelado en una hora del centro comercial cercano. Y allí trabaja Sy Parrish (Robin Williams), un hombre de mediana edad, muy ceremonioso, que aparentemente tiene un gran afecto por la familia con quienes tiene continuos detalles, y que esconde algunos secretos. Porque nada es lo que parece, y la familia tiene sus problemas. Y también sus secretos, ya que Will engaña a su mujer con Erin (Erin Daniels), una compañera de trabajo. Y Sy acecha en secreto a la familia, hace copias de sus fotos para sí mismo, y ha construido una fantasía según la cual el es un tío que forma parte de la familia. Pero las cosas se complicarán cuando Erin lleve a revelar fotografías de su indiscreción con Will al mismo minilab, y Sy se ha despedido por las irregularidades en su forma de llevar el mismo.

El aparato más interesante de los que salen es una Leica Minilux, aquí en manos de Connie Nielsen…

… y aquí donde la recibe Robin Williams en el minilab. Era frecuente que los clientes confiaran a los empleados de las tiendas de fotografía la tarea de cargar y descargar de los carretes sus cámaras.

Interés fotográfico

Aunque ahora nos parezca cosas del jurásico, esta película sólo tiene 10 años, y era una época donde los laboratorios de revelado en una hora distribuidos por las tiendas especializadas en fotografía, pero también por muchos centros comerciales, eran negocios prósperos. Esto no duró mucho. Durante la misma película, se menciona el interés de Will de adquirir una de las nuevas cámaras digitales, que a la postre tiraron por tierra muchos de estos negocios. La gente hace muchas más fotos hoy en día en su vida corriente, pero hace copias de un porcentaje mucho más pequeño de ellas. Y prácticamente nunca de todas las de una tarjeta, como antes hacía de todo el rollo de 12, 24 o 36 fotografías. Pero esta película nos deja testimonio de una forma de practicar la fotografía familiar que ya ha pasado prácticamente a la historia.

Además de conocer a través de sus escenas algunos de los aspectos del funcionamiento de uno de estos minilabs, como se conocían, vemos aparecer en pantalla algunos aparatos fotográficos. En el principio de la película, cuando vemos a la policía fichando a Sy por un crimen que no sabemos cual ha sido, vemos que utilizan ya una cámara digital, que lentamente procesa las imágenes que toma y que es un armatoste de cuidado. En las escenas iniciales también aparecen también las cámaras que usa la familia. Y se nota que son una familia con posibles.

Observando la maniobra de carga de la Minolta que maneja Robin Williams. Estaban motorizadas y era sencillo cargarlas sin problemas. Agfa desapareció del panorama fotográfico con la llegada de la fotografía digital. Yo utilicé bastante sus productos en blanco y negro. El Rodinal, la Agfapan APX 100,…

La Minolta Freedom Zoom 150, con focales entre 37,5 y 150 mm. En Europa no se llamaban Freedom sino Riva.

La mujer usa una compacta Leica Minilux, un aparato excelente, como no podía ser menos dada la marca que la firma. Y el marido usa una Nikon Pronea, una cámara réflex para el formato de película APS. Este formato surgió en los años 90 con el fin de sustituir al veterano 135. Teóricamente podía usar tres formatos de imagen, aunque era a base de recortar negativo, estaba más automatizado, y debía dar muchas ventajas a los usuarios. Lo cierto es que los negativos eran más pequeños, por lo tanto la imagen era de peor calidad, y encima siempre fue apreciablemente más cara tanto en el precio de las cámaras, como de los carretes, como de los revelados. Y acabó por palmar cuando llego la fotografía digital. Mientras que el formato 135 en película de 35 mm se ha mantenido aunque sea de forma minoritaria casi testimonial, el APS fue barrido por completo de la escena fotográfica.

Por último, Sy utiliza una compacta de zoom largo para su acechos a la familia. Aparatos que se hicieron muy populares aunque eran delicados de manejar. Puesto que tenían que cubrir un formato de fotograma de 24 x 36 mm, para mantener la compacidad del aparato veían la aperturas máximas de sus objetivos notablemente reducidas. En el extremo largo eran de f/8 o menos. Por lo que su utilización en condiciones de poca luz y con película de sensibilidad media o baja, llevaba con frecuencia a fotos trepidadas.

Finalmente, también aparece una cámara desechable con marca blanca del centro comercial. Este tipo de cámaras salieron al mercado de la mano de Kodak, aunque pronto se les sumaron el resto de fabricantes de película. Las había sencillas, con flash, para formato panorámico y estancas. Yo usé varias de ellas. Eran muy lúdicas.

El chaval de la película lleva a revelar su cámara desechable. Por lo que sale, el chaval tiene madera, hace unas fotos muy chulas, con mucho colorido. En la actualidad con 20 años, seguro que con alguna réflex digital hace unas fotos estupendas.

Lo que pasa es que las fotos del chaval coinciden con las de la amante de su padre en el minilab, lo que sirve para que Sy urda una pérfida maniobra.

Interés cinematográfico

La película es de una factura técnica muy cuidada, impecable, dotando de una ambiente cálido al medio donde habita la familia, y un ambiente frío, muy pulcro, al del obsesivo Sy. El problema es que la frialdad del ambiente que rodea al personaje que interpreta Williams se contagia de forma aparatosa a toda la película. No acabas de emocionarte. Los personajes no te hacen reaccionar. No llegas a simpatizar con quienes son víctimas, no llegas a compartir los motivos de Sy, con quien no sientes ningún tipo de comprensión. Te da igual lo que le pase. Lo que les pase a todos. Ese es el principal defecto de la película, su falta de emoción real. O por lo menos a mí no me la transmite. En su momento fue relativamente celebrada la interpretación de Robin Williams, pero tampoco me parece una cosa del otro mundo. De lo contrario, hubiera podido paliar los defectos de planteamiento del filme. Del resto, la Nielsen sale guapa, y los demás,… dan igual.

Mi valoración es sólo de 2 estrellas: **.

Sy confrontado con las fotografías que roba a la familia y que sitúa en un mural de su casa.

Y Sy confrontado con ciertas fotografías en la comisaría de policía… sobre las que nada comentaré.

La ventana indiscreta (1954)

Rear Window

Esta película es un clásico por excelencia del director Alfred Hitchcock. Protagonizada por James Stewart y Grace Kelly, es una obra totalmente de ficción en la que el maestro del suspense nos vuelve a ofrecer un ejemplo de su maestría a la hora de manejar situaciones en las que el espectador queda atrapado por las inquietudes de los personajes. Sin embargo, aunque la obra es de ficción, está inspirada en la relación sentimental que vivieron el famoso fotógrafo Robert Capa y la actriz, más famosa todavía, Ingrid Bergman.

Lo cierto es que la película no nos ilustra especialmente en ningún aspecto de la técnica fotográfica o la vida del fotógrafo. Lo único que encontramos es un reportero gráfico con una pierna rota, al que cuida su novia, una elagante y guapa modelo, y que se entretiene utilizando su teleobjetivo para espíar la vida de sus vecinos. Quizá sea éste el aspecto más cercano al espíritu del fotógrafo que encontramos en el filme, ya que suponemos que el fotógrafo es una persona siempre curiosa por su entorno. Y a falta de una buena guerra… pues buenos sean los vecinos.

Como empezaba diciendo, esta película es un absoluto clásico, recomendable para cualquier aficionado al cine en general. Para el aficionado a la fotografía, es un placer contemplar la Exakta que utiliza el personaje del fotógrafo; Exakta fue la primera cámara réflex que se fabricó para el tradicional formato de película de 35 mm.

Actualización

En el fotolog Framework de L.A. Times, aparece un artículo dedicado al material fotográfico en esta película. Traduzco aproximadamente:

De acuerdo con Wikipedia, la camara y el objetivo que se usan de forma destacada en la película fueron una Exakta Varex VX con un objetivo Kilfitt Fern-Kilar f/5,6 400mm.

Buscando alguna confirmación, encontré este artículo de 1954 de la revista Life sobre “Rear Window.” La imagen principal es una foto de aproximación de un gran objetivo. Claramente visible en el objetivo es la marca “Kilar 1:5.6/400″ – lo que respalda el artículo de Wikipedia.

Pues nada. Ya sabemos algo más del material que usaba el “fotógrafo” detrás de la ventana.

A esta película, yo le otorgo 5 estrellas: *****

Si quieres puedes mandarme un comentario (correo electrónico).

Memento (2000)

Memento

Christopher Nolan está de moda. Y por ello, cuando surgió la posibilidad de ver esta película del año 2000 que en el momento de su estreno me perdí, o decidí que no era interesante, no lo recuerdo, programé la grabadora y me dispuse a comprobar si el director ha sido siempre tan bueno como dicen. O no tan bueno como dicen, según la opinión que tenga cada uno.

El protagonista de esta historia (Guy Pearce) es un hombre que tras una agresión sexual y violenta a su mujer (Jorja Fox), él mismo es agredido, y como consecuencia del traumatismo cráneo-encefálico sufre amnesia anterógrada. En este tipo de amnesia, la persona es capaz de recordar los hechos sucedidos con antelación al incidente causal de la amnesia, pero con posterioridad a este son incapaces de fijar en la memoria los nuevos hecho a largo plazo. La historia nos es contada de atrás hacia delante. Es decir, conocemos al personaje en el momento en el que mata al presunto autor de la agresión (Joe Pantoliano). A partir de ahí nos va contando, en color, cómo llega hasta ahí en pequeños saltos de tiempo hacia atrás, en los que es fundamental la colaboración de un misteriosa mujer que le presta su ayuda (Carrie-Anne Moss). En paralelo, se nos cuenta también otra historia, en blanco y negro, que pone en relación la acción principal con otras acciones del protagonista y que al final darán sentido a la historia. En la que desde el principio queda claro que nada ni nadie es lo que parece, porque todo está sesgado por el sistema de notas, tatuajes y polaroids que utiliza el protagonista para recordar, así como por cómo todo ello es utilizado por quienes le rodean.

Desde el punto de vista de la relación con la fotografía de esta película, básicamente está en el uso de una cámara Polaroid y las instantáneas que produce anotadas para generar referencias y recuerdos artificiales por parte del protagonista. La tecnología de la película instantánea nació en su momento con la intención de popularizar la fotografía a nivel popular, gracias al efecto positivo que produce el obtener la copia fotográfica de forma instantánea sin esperar al procesado en laboratorio. Sin embargo, quedó limitada por el limitado tamaño de las imágenes, una calidad de imagen inferior a otras tecnologías fotográficas, y su elevado precio relativo. Tuvo también mucha importancia en la fotografía de estudio, ya que sirvió para realizar pruebas instantáneas de la versión definitiva de la imagen que se tomaba con otro tipo de película. Y no hay que desdeñar en absoluta la utilización creativa que muchos fotógrafos realizaron del medio. Pero en muchas ocasiones, como en la película, se convirtió en un bloc de notas fotográfico, tanto para profesionales diversos como para entusiastas de distintos tipos de aficiones.

La película en su conjunto es interesante por su original guion y por la no desdeñable calidad de las interpretaciones de sus actores y actrices. Creo que Guy Pierce es un actor desaprovechado que da más de sí de lo que habitualmente le permiten. Sin embargo, conforme iba viendo el filme empecé a recordar que ya la había visto en televisión hace años. Y me pasó lo mismo que entonces. A pesar de las innegables cualidades cinematográficas, de alguna forma la historia no acaba de engancharme. Y acabo teniendo que rebobinar de vez en cuando, por se me va el hilo. Quizá sea problema mío, y no de la película… pero es lo que me pasa. Lo cuál es paradójico teniendo en cuenta el tema del largometraje. ¿No?

Yo le pongo 3 estrellas: ***.

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Blowup (1966)

Blowup

Este filme, dirigido por Michelangelo Antonioni, es quizá la película fotográfica por excelencia. Una película que nos sumerge en el Swinging London de los años sesenta, que no es especialmente fácil de ver, y que nos deja inevitablemente con cierta desazón sobre lo que hemos visto o lo que ha sucedido. Pero vayamos por partes.

La película está basada en un relato de Julio Cortázar, Las babas del diablo. Nos encontramos ante un día en la vida de un fotógrafo londinense, un fotógrafo de prestigio interpretado por David Hemmings, que alterna su trabajo en el mundo de la moda, con las modelos más exclusivas, perseguido por adolescentes que quieren ser modelos y están dispuestas a todo por ser fotografiadas por él, con un trabajo más personal, fruto de su observación en las calles y en los parques de Londres, donde deja de lado su lado glamuroso para sacar su carácter voyeurístico. Comienza su día con una sesión de modas en su estudio, primero con un conjunto de modelos, y después ya en exclusiva con una top model de la época (Verushka). Sigue con un paseo matutino, donde va tomando imágenes con una discreta réflex, y en un parque sorprende a una pareja de enamorados a los que fotografía escondido entre los árboles. Cuando ya retira se ve sorprendido por la chica, interpretada por Vanessa Redgrave, que le pide los negativos. No quiere que su contenido sea público de ninguna forma. Esta mujer llega a presentarse en su casa, donde tras una serie de escarceos, con cierto grado de seducción incluido, el fotógrafo le entrega un carrete falso. Cuando la mujer se va el fotógrafo revela y amplia los fotogramas, y a través de un artesanal proceso de ampliación llega a la conclusión de que ha sido testigo fotográfico de un asesinato. A partir de aquí el fotógrafo intenta presentar una reconstrucción de lo sucedido, aunque se ve incapaz de ello. La película termina con una enigmática escena en la que el fotógrafo, al amanecer del día siguiente es espectador de un partido de tenis simulado por unos mimos… en el que se escuchan los golpes de una pelota que no existe.

Desde el punto de vista social es una película de su época, que refleja de un modo irónico el ambiente del desenfadado e inquieto Londres de la época. Tiene su grado de transgresión. Ahí tenemos el desnudo integral, inédito hasta el momento, de una jovencísima Jane Birkin y su compañera Gillian Hills interpretando a dos jóvenes modelos que acceden a una relación sexual con el fotógrafo con la esperanza de ser fotografiadas. O la extraña relación matrimonial del fotógrafo, que sorprende a su mujer (Sarah Miles) en pleno coito con otro hombre.

Cinematográficamente, es un filme muy cuidado, con logros visuales, y sobretodo un verdadero manual maestro de las metáforas visuales presentes a lo largo de todo el largometraje, en el que el diálogo tiene un papel secundario frente al valor de los significados de las imágenes. Aunque no es fácil de ver, es realmente obligada para todo amante al cine como medio de expresión artístico.

Desde el punto de vista fotográfico, creo que ha quedado clara la relación con la fotografía. Todo tiene que ver con la fotografía. Incluso el título, blow up, que normalmente significa explosión, en este caso se refiere a las grandes ampliaciones que el fotógrafo obtiene a partir de sus negativos para investigar lo sucedido en una serie de escenas llenas de tensión y emoción. Lo que ahora hacen con ordenadores en las películas, ampliando imágenes y “limpiándolas” para destripar lo sucedido, aquí se hace a base de ampliadora tradicional, ampliando la imagen con todas sus imperfecciones, con todo su grano. Vemos al fotógrafo usar una Hasselblad de 6×6 para su trabajo como fotógrafo de modas, vemos cómo usa una Asahi Pentax S2 tanto para su trabajo de modas como para su trabajo de investigación personal. Vemos cómo usa una cámara de banco para reproducir y ampliar las copias realizadas. Vemos atrezo, focos, ampliadoras, cubetas de revelado, secadoras de negativos,… casi podemos oler el penetrante aroma del fijador… Fotografía en estado puro.

Como ya he dicho antes, esta es una película que todo amante al cine debería de ver. Quien vea el cine como un mero entretenimiento, pues haya él. Yo le otorgo 4 estrellas: ****

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