La fidelité (2015)

La fidelité

A pesar de los quince años que han podido pasar desde que esta película se estrenó en España, recuerdo muy bien porqué en aquel momento no fuimos a verla. Su actriz protagonista, la modelo e intérprete francesa Sophie Marceau, había sido una de las actrices más populares del país vecino en la década de los noventa. Guapa hasta decir basta, chic como sólo lo puede ser una francesa, las revistas de moda con su fotografía en portada eran objeto de colección muy cotizadas en los “bouquinistes” de las orillas del Sena.

Pero tras varios dramas de época y algún que otro intento de saltar a Hollywood en producciones más comerciales, quedaba en evidencia que si bien como modelo podía no tener precio, como actriz resultaba fría y con frecuencia impersonal. Parecía incapaz de ofrecer el calor y la pasión que muchos de sus papeles merecían. Así que esta película realizada por el director polaco que fue su pareja durante casi dos décadas, Andrzej Zulawski, fue incapaz de atraernos a las salas de cine.

En estos momentos me encuentro leyendo un libro sobre cine y fotografía, y en él aparece comentado este filme en el que Marceau encarna a una fotógrafa… así que le he dado una oportunidad vía Netflix, y la he añadido a mi colección sobre la fotografía en el cine.

Clèlia y Clève, matrimonio de conveniencia, pero con un compromiso de fidelidad muy fuerte.

Clèlia y Clève, matrimonio de conveniencia, pero con un compromiso de fidelidad muy fuerte.

Argumento

De vez en cuando, nuestros vecinos le dan una vuelta a la novela La princesa de Cléveris, un clásico francés del siglo XVII que reflexiona sobre la condición de la mujer, sobre el amor, y la fidelidad y el compromiso adquirido. Y como hacen de vez en cuando, adaptan la novela a los tiempos modernos, por lo que convierten a Mademoiselle de Chartres en la fotógrafa Clélia (Marceau), al príncipe de Cléveris en uno de los hijos de un magnate editorial, Clève (Pascal Greggory), y al guapo duque de Nemours en Nemo (Guillaume Canet), un aguerrido papparazzo que no se arredra a la hora de internarse en los bajos fondos para conseguir sus reportajes. Este trío será protagonista de una historia de amores y pasiones no resueltas, marcadas por los celos y la desconfianza.

Clélia y Nemo, atracción mutua fuerte, pero frenada por el compromiso de la chica hacia su marido.

Clélia y Nemo, atracción mutua fuerte, pero frenada por el compromiso de la chica hacia su marido.

Interés fotográfico

Estamos ante una fotógrafa muy polifacética. En el momento en que comienza esta laaaaaarga película de 166 minutos (hay una versión más corta de una hora y 45 minutos), Clélia ha publicado un par de libros con fotografías de carácter intimista, tal vez conceptual. Sabemos que nunca se separa de una pequeña cámara compacta. Se trata de una Olympus µ(mju)-II plateada. Yo dispongo de una cámara de este tipo, pero de color negro. En el año 2000, cuando se estrenó esta película, las cámaras digitales estaban asomando la patita, pero el mundo de la fotografía estaba dominado por la película tradicional. La pequeña µ(mju)-II, conocida también como Stylus Epic en el mercado norteamericano, era la perfecta cámara “toma notas”. Bolsillera, usaba un objetivo de focal fija de 35 mm, ideal para reportaje, con una apertura máxima bastante luminosa, f/2,8, tratándose del formato de 24 x 26 mm y de un modelo tan compacto. Hubo una primera versión con luminosidad más modesta, f/3,5, cámara que regale a mi familia unos años antes, también muy usable, y varios modelos zoom, menos interesantes. Esta cámara fue muy  apreciada por la calidad de su objetivo, cuyo principal problema era el viñeteo a plena apertura, y por su excelente sistema de medición que permitía su uso con diapositivas sin problemas. Yo lo hice.

Clélia con su Olympus mju-II, descocada en un vestuario de deportistas masculinos. La mju-II estaba tropicalizada, por lo que es adecuada para un ambiente húmedo como las duchas de un vestuario.

Clélia con su Olympus mju-II, descocada en un vestuario de deportistas masculinos. La mju-II estaba tropicalizada, por lo que es adecuada para un ambiente húmedo como las duchas de un vestuario.

Clélia es contratada por una editorial cuyas publicaciones tienen un carácter sensacionalista. Y para esos trabajos la vemos utilizar otra cámara emblemática. Nada menos que una Nikon D1, la primera réflex digital profesional de Nikon, que apareció en el mercado en 1999, con unos impresionantes 2,7 megapíxeles.

Clélia con la Nikon D1 y un objetivo no bien identificado, probablemente un 300/2,8, en una cancha de hockey sobre hielo.

Clélia con la Nikon D1 y un objetivo no bien identificado, probablemente un 300/2,8, en una cancha de hockey sobre hielo.

Para sus trabajos más personales, la vemos usar dos clásicos de la fotografía. En reportaje, un Leica M6 TTL de color negro. No alcanzamos a ver qué objetivo utiliza, probablemente un 35 mm o un 50 mm, en cualquier caso Summicron, por el tamaño que alcanza. También la vemos realizar bodegones o fotografía de plantas así como retratos con una Hasselblad de la serie V, que podría ser una 501 CM o una 503 CW, no puedo precisar. Siempre armada con un Carl Zeiss Planar 80/2,8. La actriz no utiliza bien estas cámaras en su interpretación ya que con frecuencia la vemos usarlas por debajo de la distancia mínima de enfoque de sus objetivo.

Uno de los catetos de este triángulo rectángulo amoroso pasional que flanquean a la hipotenusa Clélia, Némo, también es fotógrafo. Y desde el primer momento queda claro que no es compatible con la chica. Es de Canon, y lo vemos usar una Canon EOS 1N, el buque insignia profesional de la marca japonesa en los tiempos de la película tradicional.

Sospecha de baja compatibilidad entre Clélia y Nemo; el color blanco del teleobjetivo "denuncia" su carácter de "canonista".

Sospecha de baja compatibilidad entre Clélia y Nemo; el color blanco del teleobjetivo “denuncia” su carácter de “canonista”.

Interés cinematográfico

Desgraciadamente, los motivos que en el momento de su estreno en salas cinematográficas nos llevaron a no acercarnos a ella para ver esta película se confirman. La película es pretenciosa. En su versión larga se hace insoportablemente larga ya que los minutos añadidos no aportan nada auténtico a la historia. La propia relación de la fotógrafa con el que será su marido y con el que será su potencial amante se hace incomprensible. Una vez más Sophie Marceau está al mismo tiempo insoportablemente guapa y atractiva como mujer, pero también excesivamente fría y distante, y muy impostada en su encarnación de la fotógrafa polivalente y dispuesta a todo. Sinceramente, no es una película que recomendaría con carácter general.

Y es que yo no le daría, en mi valoración particular, más de 2 estrellas: **.

La película podría haber dado más de sí... pero resulta bastante decepcionante... ¡qué se le va a hacer!

La película podría haber dado más de sí… pero resulta bastante decepcionante… ¡qué se le va a hacer!

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